Opinión

Tarjetas, pan y circo

Lo malo de jugar a las cortinas de humo siendo populistas es que a veces te pasas de listo. Es lo que sucede con el tema de la tarjetas ‘black’ y quienes promueven el escándalo entre bambalinas, que se han propuesto ganarse el favor del pueblo para que se renueve la credibilidad institucional.

Ya es casualidad que cuando surgen elementos que enturbian la ‘pax’ romana de quienes tienen la sartén por el mango, y justo cuando todos los indicadores económicos advierten de que nos espera una castaña épica, que ríase usted de la crisis hasta ahora conocida, venga una especie de vendaval de justicia poética a causar sonrojos, dimisiones y debate mediático a cuenta de las malditas tarjetas. Ya es casualidad, en España justamente, donde ninguno de los que se lo llevan crudo se avergüenzan jamás, ni rinden cuentas de sus hechos, ni por supuesto dimiten de sus cargos ni son cesados.

Llámenme paranoico, pero es que resulta difícil creerse el cuento sensiblero y facilón de que los de siempre, por una vez, se van a ir con el rabo entre las piernas. Yo al menos no me lo creo. Como decía hace un momento, más me tiene pinta de inmensa cortina de humo, del nuevo crash económico que nos espera a la vuelta de la esquina, de alguna verdad verdadera sobre el ébola, o de temas que están pasando mucho más de puntillas como las guerras energéticas perdidas o la cesión de soberanía económica ante superpotencias como China. Algo. No sé el qué. Algo que se tape con este pan y circo.