Opinión

Andalucía se queda a la deriva y la corrupción ya no importa

Un cambio y muchas incógnitas entre ellas la de con quién pactar. No me gustaría estar en el pellejo de una embarazadísima Susana Díaz, que está contenta sí, exultante si cabe, pero que tiene por delante lo que coloquialmente llaman los jóvenes “una buena comedura de olla”.

Los 47 escaños (ni más ni menos, que en las elecciones de 2012), no suponen cifra suficiente para alcanzar la mayoría absoluta y la obligará a pactar, pero ¿con qué fuerza? En cualquier caso los pactos que se pueden dar son pactos aparentemente imposibles, pero si atendemos a la objetividad de los números -de votos- y a lo que menos daño puede hacer al PSOE de Pedro Sánchez de cara a las municipales, primero, y generales, después, lo lógico es que en pocos días todas las portadas de los medios abran con el apretón de manos Díaz – Marín, o lo que es lo mismo PSOE – Ciudadano. Algo que se promete complicado ante las exigencias de un Albert Rivera que “no cambiará sillas ni carguitos por pactos” y que no pasará por tener que ver las cara ni del Sr. Griñan ni del Sr. Chaves en el Parlamento.

Ambos dos, Chaves y Griñán, fieles representantes de lo que no queremos los españoles, o al menos eso decimos, porque a tenor de lo que ha ocurrido hoy en las urnas andaluzas la corrupción ya no importa. Cada vez más vivimos en un país de perro ladrador poco mordedor y ni los eres ni los cursos de formación han pasado factura a un partido socialista que hoy se ha hecho algo más fuerte y que ahora tiene que enfrentarse a una pregunta, pactar sí, pero ¿con qué fuerza?.

La respuesta podría ser el Partido Popular, eso sí entre bambalinas y con la aquiescencia iconográfica del cuarto poder andaluz, más que nada para que no duela en las elecciones generales. Y me da por pensar en tal barbaridad por la sorprendente incorrección de una política española en la que ya sí, ya hay cambio. Por el cambio y por las palabras de un apesadumbrado Juanma Moreno Bonilla que se ha venido arriba al pedir “celeridad” en la constitución de un Parlamento que “más pronto que tarde” cambiará de estilo y “traerá nuevas formas”.

Sea como sea el escenario que queda en Andalucía es, como ha dicho Martín Herrán, candidato de la derrotada UPyD, “decepcionante”. Andalucía queda a la deriva… Y lo que es peor, ni la corrupción no los valores importan.