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ARCO ha dejado 100 millones de euros en España

El turismo es una de las principales fuentes de ingresos en España, y si a esto le sumamos las ferias internacionales, la ocupación hotelera y los ingresos se disparan. Una vez más, ARCO (Feria internacional de Arte Contemporáneo) ha cumplido sus expectativas y ha conseguido traer a Madrid a más de 100.000 visitantes. Según Maribel López, Directora Comercial y de Programas Comisariados de ARCO Madrid, los invitados a la feria fueron 500, aunque “vienen también miles de personas como simples visitantes”, de los cuales la mitad proceden de otros países, un hecho que, como asegura López, produce un impacto que “va a remitir en la ciudad”.

A la feria acuden todo tipo de personas. En palabras de su directora comercial, visitan la feria “desde coleccionistas que tienen sus fundaciones y sus museos privados a personas que compran una pieza porque les apetece cuando pueden y cuando quieren… todo ese rango es amplísimo. Desde el coleccionista sistemático al coleccionista apasionado, del que gasta 1.000 euros al que gasta 1 millón. Y después vienen los estudiantes, los comisarios, curadores que están estudiando para trabajar en museos y personas a las que les apasiona el arte”.

Tal calibre tiene esta feria que genera un impacto en la economía española de alrededor de 100 millones de euros entre ocupación hotelera, restauración y otros sectores. Pero a esto hay que sumarle las ventas que las distintas galerías de arte logran hacen con motivo de la fecha. Con obras accesibles a todos los bolsillos, algunas de estas se frotan las manos y hacen su agosto. Es el caso de la Galería Javier López de Madrid que, como asegura su director, Fer Francés, “siendo una galería de Madrid las ventas nos van mejor en esta feria que en otras”. Otros artistas no vendieron tantas obras, pero se quedan con la imagen que la feria les proporciona a nivel mundial, es el caso de la brasileña Analibia Cordeiro, quien manifiesta, entusiasmada, “No he vendido porque el premio lo gané con estas dos piezas porque es la primera vez en mi vida que estoy en una feria”.

También es la primera vez para el chileno Felipe Ríos Sanmartín, que trabaja “con el imaginario tecnológico desplazado a soportes materiales físicos y mi exposición incluye capturas de pantallas de internet y códigos QR en materiales  de obra pero que uno puede interactuar con el teléfono y acceder a vídeos online”, obras cuyo precio está entre los 2.000 y 7.000 euros. Para Ríos también era la primera vez que expone en ARCO y tampoco tuvo muchas ventas, pero afirma que la “la dinámica es muy distinta, la gente se pasea, pregunta mucho, etc.”.

Las obras abarcaban todas las tipologías, desde moda, hasta escultura, pasando por nuevas tecnologías, piezas vintage o composiciones auditivas. Sin embargo, López manifiesta que “hace tiempo que ya no hablamos de técnicas. Actualmente, tenemos desde el cuadro más clásico hecho por un artista joven hasta la obra más tecnológica hecha por una persona mayor”. Algunas de estas obras combinan contrastes, como por ejemplo un libro de Marx dentro de un bolso de Louis Vuitton, o la de Analibia Cordeiro, que consiste en “un trabajo histórico de 1973. Es una búsqueda de interacción entre el vídeo y el movimiento del cuerpo humano en la danza”, una obra que ronda los 25.000 euros.  Tan importante como estas es la obra que combina moda y arte de Olga Piedrahita y Barbarita Cardoso. Estas artistas colombianas afirman que “llevamos un año haciendo un ejercicio interesante, partimos de una investigación histórica del traje cultural de la colonia, en Colombia, y estamos hablando del traje social, el traje litúrgico y el traje militar. De ahí emigramos a unas piezas y la idea era mostrar la contemporaneidad de estos trajes a nuestra manera, pasando por nuestras manos”, una obra cuyo valor de las piezas oscila entre los 3.000 y los 12.000 euros.

Colombia, el principal invitado

Pero si hay un país invitado que destaca, ese es Colombia. La razón de esta invitación, según la directora comercial de ARCO Madrid, es “porque es un contexto artístico interesantísimo, que tiene un bagaje artístico que quizás no ha estado tan visible por sus circunstancias sociales, que los últimos años se ha podido forzar más la parte cultural y que en este momento era perfecto. Realmente, es una economía en crecimiento, es un país con más tranquilidad, una escena cultural muy apoyada, con voluntad de apoyarla, y hemos estado también a Colombia en los últimos años, visitando la feria allí, visitando a los coleccionistas, hemos visto las ganas que tienen de apoyar a sus artistas… todo eso junto ha sido lo más lógico. Y estamos encantados porque las galerías han hecho un trabajo increíble, y con el apoyo del gobierno las exposiciones en Madrid son también maravillosas”.

En la zona reservada a este país destaca las obras que presentan la Galería Riegner. Las más importantes son dos: una es la de la de Ícaro Sorba que, como explica Felipe Villada, “a través de un ventilador y utilizando una cinta de cassette vieja se proyecta una cinta en la que se escucha una composición de Bellini”; o la de Liliana Sánchez, que “muestra un proyecto en el que habla del paisaje sueco, sus costumbres, su alimentación, etc. Y, por otro, habla de la experiencia de ser una persona en el exilio, entonces ilustra este malestar corporal, pesadez, que metafóricamente se refiere a la experiencia de ser un ciudadano en el exilio”, obras de las que Villada prefirió no dar el precio. Lo que pretende el primero es, como explica Villada, “utilizar estas tecnologías descartadas, como el cassete, para configurar estas máquinas que tienen incorporadas la posibilidad de error, de la falla de lo humano, porque él dice que las máquinas son producto humano, por lo tanto no son perfectas”.

Sin duda, esta feria supone un gran impacto en la economía del país, y no solo por el número de turistas, que han aumentado considerablemente, sino por la exportación e importación de obras artísticas y porque, por unos días, todas las miradas del mundo artístico estuvieron puestas en Madrid.

Yasmina Pena