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Cataluña se la juega…

La locura independentista de Artur Mas ha convertido unas elecciones autonómicas en una cuestión de Estado que ha traspasado las fronteras. Merkel, Hollande, Cameron y hasta el propio Obama se han sumado al ‘Junts pel no’ de los políticos, empresarios y la banca española.

Será el próximo domingo cuando los catalanes decidan el futuro de Cataluña, una región española y europea, a la que la locura independentista de Artur Mas podría llevar a la deriva de quiebras, paro y pobreza. Una tierra que podría quedarse vacía de inversiones e incluso de catalanes.

Artur Mas quiere levantar un muro, similar al de Berlín, que españoles y catalanes sólo podremos cruzar pasaporte en mano. Eso sería sólo el principio, pero ¿a qué se enfrenta Cataluña de producirse la secesión?

1. Adiós a la Unión Europea

Cataluña entró en la UE como parte de un Estado, España. Para formar parte del club Europa deberían solicitar la anexión y pasar un examen que no pasaría “en un largo periodo” dado que “los datos macroeconómicos actuales dan miedo” apunta Miguel Córdoba, profesor de Economía Financiera de la Universidad CEU San Pablo. Además “España podría ejercer su derecho a veto y, ya puestos, lo lógico es ejercerlo”.

Más allá de las palabras de Córdoba, desde Europa también se han pronunciado, “si una parte de un Estado miembro deja de ser parte de ese Estado porque el territorio se convierte en Estado independiente los tratados ya no se le aplicarían”, afirmó la pasada semana la portavoz del Ejecutivo comunitario Margaritis Schinas. Algo que fue reiterado por el vicepresidente de la Comisión Europea para el euro Valdis Dombrovskis a la agencia Efe “si una parte de un Estado miembro se independiza, los tratados no se aplicarían más al mismo y se convertiría en un tercer país respecto a la Unión Europea”.

Salir de la Unión Europea no implica de facto la imposibilidad de seguir en el euro. Cataluña podría acogerse a acuerdos monetarios como de los que disponen países como Andorra o el Vaticano, ahora bien quedarían subyugados a las decisiones del Eurogrupo o el Banco Central Europeo, ya que perderían todo derecho de participación en la política monetaria.

2. La banca huye… Llega el corralito

El vermouth del pasado viernes nos lo tomábamos con un comunicado conjunto de la AEB (Asociación Española de la Banca) y de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorro). En él las entidades no descartan huir de Cataluña de producirse la secesión y se declaran dispuestas a  “reconsiderar su estrategia de implantación con el consiguiente riesgo de reducción de la oferta bancaria y, con ello, de exclusión financiera y encarecimiento y escasez del crédito”.

Como telón de fondo de esta “gran escapada”, apoyada por La Caixa y Banco Sabadell, se encuentra el hecho de que las entidades bancarias con sede en Cataluña no podrían obtener financiación del BCE por no pertenecer a un Estado de la eurozona.

Toda vez que se llevase a efecto la independencia la situación económico – financiera de Cataluña podría equipararse a la vivida por Grecia o algunos países Latinoamericanos. Así lo señalaba Luis María Linde, gobernador del Banco de España, el pasado lunes que durante un desayuno informativo organizado por Europa Press, advirtió del “riesgo” de  corralito, que impediría a los ciudadanos disponer libremente de sus ahorros. Aunque todo tiene sus matices y esto es “un futurible altamente improbable”.

3. No más inversiones

Más vale tarde que nunca, dice el refrán. En estas dos últimas semanas los empresarios han sido claros. Primero lo hacían CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y la Cámara de Comercio de España. Sus presidentes, Juan Rosell y José Luis Bonet, en un comunicado conjunto alertaban de que si se llevase a efecto la locura independentista de Mas “también se resentirían las inversiones en Catalunya, que podrían retraerse en un escenario de inseguridad jurídica y financiera, produciéndose deslocalizaciones, ya que las empresas buscarían enclaves más estables para sus filiales. Revertir esos procesos sería largo y complicado porque cuando una zona pierde atractivo (seguridad jurídica, estabilidad política, financiera…) para los inversores, es difícil recuperarlo. Pensemos simplemente en las multinacionales ubicadas en Catalunya y que dan trabajo, como mínimo, al 10 por ciento de los trabajadores. Hay docenas de opciones esperando cualquier despiste de una zona atractiva como es hoy Catalunya”.

La semana pasada era el Círculo de Empresarios quien daba la voz de alarma “la economía española y especialmente la catalana sufrirían gravísimos daños”, entre ellos los derivados de la inseguridad jurídica que generaría el secesionismo “esto es singularmente importante en un mundo globalizado en el que todos los países desean atraer inversiones que son incompatibles con la inseguridad”.

Aún así, y a pesar de la paradoja del ‘road show’ del ministro de Economía y Competitividad Luis de Guindos de la última semana, parece que como él mismo apuntó “los mercados no lo entienden (la independencia) y por tanto no lo incorporan en sus estrategias”. Y es que las inversiones productivas en Cataluña durante el primer trimestre del año alcanzaron los 648.133.170 euros, lo que supone un incremento de más de 383 millones de euros con respecto al mismo periodo de 2014 y captó, debido al “efecto sede” un 29,4 por ciento del total de flujos de inversión extranjera en España.

4. Déficit, deuda y bono basura

Un total de 66.813 millones de euros de deuda o lo que es lo mismo cerca del 33 por ciento de su PIB (10 puntos por encima de la media del resto de Comunidades Autónomas). De ese montante el 56 por ciento (casi 37.500 millones de euros) se los debería al Estado por las sucesivas inyecciones del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) y Fondos de Pago a Proveedores. Así en palabras de Miguel Córdoba “sería un país que nacería quebrado y con una deuda tan grande que no conseguiría financiación en ningún mercado”.

Al escindirse de España, Cataluña no recibiría la financiación de la que se ha estado beneficiando, a costa del Estado, hasta el momento, por tanto tendría enormes dificultades para asumir pagos con proveedores y acreedores. A ello habría que sumar el gasto el pensiones, servicios sociales, política exterior, costes financieros, etc… y restar los 1.000 millones de ahorro que la Generalitat obtiene de los Fondos de Financiación del Estado lo que dispararía, incluso llegando a duplicar, los 3.000 millones de euros de déficit que registra en la actualidad.

5. Exportaciones: enfrentarse al boicot

Con la independencia Cataluña saldría con carácter inmediato del espacio schengen lo que impediría la libre circulación de ciudadanos y bienes –tanto de España como de Europa-, quedando éstos últimos gravados por el “efecto aduana”, explica José Bou, presidente de Empresaris de Catalunya. Circunstancia que llevaría a las pymes a “morir de inanición porque no podrían salir de Cataluña”, así Bou estima que se perdería “entre el 15 y el 18 por ciento de las ventas tanto a España como al resto de Europa”. Y es que la independencia pone en riesgo a la Comunidad Autónoma más exportadora de España, por delante de Madrid. Durante el primer semestre las ventas catalanas al exterior supusieron un 25,5 por ciento (casi 32.000 millones de euros) del total nacional y casi el doble que las madrileñas (14.389 millones).

Por otra parte más del 57 por ciento de las ventas tienen como destino España y significan el 40 por ciento de su PIB o lo que en términos económicos se traduce en unos 45.000 millones de euros.

En este sentido, Miguel Córdoba alude al sentimiento anticatalanista que se podría despertar en el resto de España y recuerda que “hace unos doce años, hubo problemas con Cataluña y se orquestó un boicot al cava catalán, y tuvo bastante éxito. ¿Ha evaluado el Sr. Mas el efecto que puede tener la secesión en su principal mercado, España?”

6. Con más paro y sin pensiones

La coyuntura en la que quedaría Cataluña de producirse la secesión tendría una consecuencia directa sobre el empleo, “eso sólo significa paro, y por tanto que se deje de ingresar IRPF, IVA e Impuesto sobre Sociedades”, afirma Miguel Córdoba.

A menos empleos menos cotizantes por lo que las pensiones quedarían marcadas por un gran interrogante, ¿cómo se pagarían? Según los datos de la Seguridad Social, Cataluña necesitó el año pasado casi 20.848 millones de euros para pagar a sus 1.664.866 pensionistas, mientras que sólo ingresó por cotizaciones sociales 17.342 millones. Es decir, que el Estado tuvo que poner más de 3.500 millones de su bolsillo.

Si a la ya deficitaria per se seguridad social catalana le añadimos los 445.000 puestos de trabajo que se perderían según apuntan algunos estudios, ¿quién, cómo y con qué se garantiza la sostenibilidad del estado de bienestar? Las respuestas más inmediatas pasarían por aumentar la deuda y subir los impuestos.

7. La opinión pública…

Además de las consecuencias a nivel político y económico, Cataluña debería enfrentarse a la opinión de sus ciudadanos que a dos días de las elecciones “no queremos que vaya adelante”, afirma Jordi Bosch, un consultor barcelonés que se declara catalanista. Así insiste en que todo el proceso se corresponde con una estrategia de presión de la Generalitat sobre el Gobierno “estamos hartos de que no nos escuchen”.

“Es un toque de atención al Gobierno y a Europa” afirma Toni Amat, abogado de 28 años, que compara el proceso con un divorcio “intentas hablar y hablar y cuando te dicen que no tantas veces o simplemente giran la cabeza, te cansas y al final te separas”. Amat insiste en la raíz económica del proceso y que de producirse un referéndum a nivel nacional “el resto de Comunidades Autónomas votarían que no a la independencia ya muchas de ellas, como Extremadura, dependen de Cataluña”. Y apostilla, “somos más ricos”. Aún así no duda al destacar que “somos muy europeístas y estamos abiertos de cara al mundo”.

Catalanes “de muchas generaciones” como Pepe Bosch, propietario de una pyme, y hermano de Jordi, declara con firmeza que “no vamos a ser independientes. Aunque salga el sí la independencia no es posible por los lazos bestiales a nivel familiar, de negocios y social”. Así Bosch se lamenta “no se dónde nos ha llevado Mas” y habla muy claro con respecto al ambiente que se respira entre las pymes “si hay preocupación”.

“No se lo cree nadie” explica otro empresario del sector textil catalán, que prefiere mantener su anonimato, pero “sí hay miedo al boicot”. No obstante y pese a que confía en que “hablando se entiende la gente y finalmente habrá acuerdo”, está convencido de que “el lobby” empresarial y financiero será quien finalmente “pare los pies a Mas”. Y concluye aseverando que “el catalán es muy pragmático: sólo queremos trabajar y seguir viviendo”.