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Cuando el prestamista paga al prestatario…

Cuando pensamos en el concepto de crédito, lo asociamos con recibir una determinada cantidad de dinero a cambio de pagar una cantidad mayor en el futuro. No solemos esperar lo contrario, que el prestamista le pague al prestatario por otorgarle un crédito. Pero por muy absurdo que suene, ocurre en la Europa actual.

En la última subasta del tesoro español, se han colocado Letras del Tesoro a 6 y 12 meses a un tipo medio del -0,002%, sumándose así a otros países europeos. Por ejemplo los rendimientos a 3 meses de los bonos suizos ofrecen tipos negativos desde mediados del 2011, los franceses desde Agostos del 2012 y el rendimiento del bono alemán a 1 año alcanzó terreno negativo en Agosto de 2014. Al igual que Dinamarca, Austria, Países Bajos, etc.

Según estimaciones de Barclays aproximadamente el 20% de la deuda en circulación en Europa posee rendimientos negativos. Incluso una empresa privada como Nestlé, posee deuda corporativa a tipos negativos (-0,0081% en Febrero).

Los rendimientos negativos son el resultado de una alta demanda de bonos, la cual conlleva a que se pague por ellos una cantidad mayor a su valor nominal. ¿Qué alimenta esta alta demanda?. El Banco Central Europeo (BCE) anunció a principios de año el inicio de un programa de compra de deuda pública a gran escala (QE), cuyo tamaño asciende a 60.000 millones de euros mensuales. El objetivo es presionar a la baja el rendimiento de los activos más seguros, incentivando a los inversionistas a destinar fondos a activos de mayor rendimiento y riesgo, que suelen ser la fuente de financiación de empresas y ciertas instituciones financieras, y de ese modo ayudar a la reactivación económica e incrementar la inflación hasta el 2%.

Pero el QE está acompañado de una menor emisión de deuda pública como consecuencia de los programa de consolidación fiscal puestos en marcha en varios países después de la crisis, así como la menor necesidad de financiación de actores importantes como Alemania. El resultado es un importante desequilibrio entre oferta y demanda que ha arrastrado a la baja los rendimientos de la deuda pública. Barclays estima que la diferencia entre nuevas emisiones de deuda pública y compras por parte del BCE será de 560.000 millones a lo largo del QE.

Aun así, ¿Qué sentido tiene adquirir una deuda que ofrece una cantidad menor de dinero que la invertida?, ¿Por qué invierto 100 en un instrumento que me da a cambio 99?. La respuesta es la deflación. En un entorno de inflación negativa, el valor del dinero en términos de bienes que puedo adquirir se incrementa a lo largo del tiempo. Los 99 que he recibido, poseen un valor real mayor a los 100 que he invertido, ya que puedo adquirir más bienes con ellos. Siempre que el tipo (negativo) que me ofrezcan sea mayor a la tasa de deflación, obtendré una ganancia real. Adicionalmente, los inversores poseen expectativas de que los rendimientos de la deuda van a disminuir aún más (obteniendo ganancias de capital), con el BCE como comprador seguro dispuesto a adquirir toda la deuda que pueda comprar.

Lamentablemente, lo anterior también refleja expectativas de que persista la actual situación de deflación y debilidad económica. Luces y sombras, más allá del optimismo desbordado de los políticos al mando de la política económica.

Kamal Romero

Economista y profesor universitario