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¿De verdad produce cáncer el consumo de carne roja?

España no llega al nivel marcado por la OMS de más de 50 gramos al día, por lo que se reducen las posibilidades de padecer la enfermedad

A Antonio le encanta comer carne, es una de sus grandes pasiones a la hora de ponerse delante de un plato, junto a los embutidos. No en vano, pierde el sentido cada vez que se toma un buen plato de ibéricos para acompañar la ingesta de un rico chuletón de carne de vacuno para comer, todo acompañado con una copita de vino. Antonio es un personaje ficticio, pero también podría ser cualquier persona real en España o incluso en el mundo. A él -como a cualquier otro ciudadano-, el informe que la OMS publicaba hace unos días en el que relacionaba la ingesta de carne roja y charcutería procesada con el cáncer le ha cogido por sorpresa y ahora se preguntaría, aunque en el fondo siempre lo supo: “¿Tan malo es comer carne?”.

Aunque la opinión pública está dividida respecto a esta cuestión, lo cierto es que se ha creado una especie de histeria social respecto a este tema; aunque moderada, ya que la opinión pública no da total credibilidad al informe. Así lo asegura Andoni García, uno de los portavoces de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG): “la propia población ha rechazado este informe, por las incongruencias y contradicciones que se desprenden de él”.

A pesar de que es un alimento que se ha consumido desde el inicio de los tiempos por el ser humano, en el imaginario público siempre se supo que la ingesta excesiva y continuada de carne no era buena para la salud y llevaba consigo un aumento de las posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares y complicaciones en el colesterol. Sin embargo; la OMS, a través de Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), ha ido más allá. Ha situado a los productos procesados en el grupo 1 de productos cancerígenos, – en los que hay pruebas suficientes para concluir que son nocivos para la salud- compartiendo escenario con el tabaco, gas mostaza o el plutonio.

En este sentido, el propio García aseguraba que “no tiene ningún sentido que se sitúe a las carnes procesadas al mismo nivel que el tabaco u otras sustancias tan peligrosas. El informe indica que la ingesta de estos productos produce cáncer de colón, cuando este tipo de cáncer se puede deber a múltiples causas”.

La carne roja ha sufrido una mayor suerte y se ha colocado en el grupo 2A- el de productos probablemente cancerígenos-; donde comparte lugar con las frituras, esteroides y otros artículos. Por ello, no es raro que entre la población hayan saltado todas las alarmas posibles.

La carne europea, la más saludable

El sector cárnico europeo ha respondido al unísono, alzando la voz contra este estudio: “el sector cárnico europeo considera que es inadecuado atribuir a un factor individual un mayor riesgo de cáncer. Este es un tema muy complejo y depende de una combinación de factores como la edad, genética, dieta, medio ambiente y estilo de vida”.

Y continua – a través de un informe común que se ha publicado a nivel europeo-, recordando que la OMS “no ha tenido en cuenta la exposición real a las sustancias con relación a su potencial para causar cáncer”. Por ello, desde esta área de negocio ganadero se recomienda “mantener el actual consumo promedio de carnes y productos cárnicos, ya que como con cualquier otro alimento, un consumo excesivo nunca es apropiado”, ya que “la media europea no supera los límites marcados por la OMS de ingesta” -de más de 50 gramos al día-. Aunque se admite desde esta área de negocio ganadero que el consumo excesivo “siempre es nocivo”.

“En Europa se producen los productos ganaderos y agrícolas más saludables del mundo. No es lo mismo la producción en Estados Unidos, donde se permite el uso de hormonas y aditivos en la alimentación del animal, que la Europa. Aquí existen normativas muy restrictivas que legislan sobre la alimentación del animal, el tipo de sustancias que se le aportan, el espacio que habita etc.”, asegura el portavoz de COAG que comparte la opinión que ha expresado todo el sector.

Tan demandada es la carne española que los clientes no paran de crecer. Tal así que España pasó tener 44 países clientes en 2014 a los 60 del presente año, que todavía no ha llegado a su fin. Este incremento se vio motivado por la apertura de nuevas fronteras, como es el caso de Líbano, Egipto, Japón o Turquía. Al incrementarse los clientes se incrementa la cantidad y el valor del producto. Las cifras se disparan y en los primeros ocho meses del año se han exportado 57.000 toneladas por valor de 140 millones de euros, alcanzando una cobertura del 103 por ciento y que convierte a nuestro país en exportador neto de bovino vivo.

Además, aprovecha la ocasión para criticar el tratado TTIP de libre comercio entre Estados Unidos y Europa que “podría traer al estado español carnes norteamericanas que no cuenten con las condiciones necesarias de salud que establece la Unión Europa”. No ve tampoco, García, ninguna razón para alarmarse, ya que “en España se consumen 31 gramos diarios de media de este tipo de carne, mientras que la OMS ha situado el límite en los 50 gramos. Creo que la dieta mediterránea que se suele consumir en nuestro país es muy variada en este sentido”.

Un error en la comunicación

Quizás la OMS se ha adelantado al publicar estos datos puesto que no están científicamente probados. Sí es cierto que hay teorías y libros que tratan sobre la posibilidad de que los productos cárnicos provoquen cáncer, pero distan de los estudios que puedan comprobarlo.

La comunicación en tiempos de crisis- y más si trata asuntos relacionados con la salud o la sanidad en general- es muy exigente, pues un pequeño fallo puede hacer saltar las alarmas, como ha sido este caso. Y es que la carne roja en sí no produce cáncer, sino que la OMS alerta de un posible riesgo (menor o mayor) de contraer la enfermedad. Este riesgo depende de las cantidades que se consumen y los datos de España (como señala anteriormente) no alcanzan el nivel del que habla la OMS. César García, de UPTA, afirma que “España es uno de los países más bajos en el consumo de carne roja”, a pesar de ser el sexto exportador de Europa de la carne de vacuno. Sobre este tema también se pronunció alegando que la calidad “varía de unos países a otros”. ¿El motivo de esta diferencia? Los controles alimentarios y de calidad obligatorios en unos países y que, sin embargo, brillan por su ausencia en otros, que hacen que el producto se venda a un menor precio y con peores perjuicios para la salud.

Antecedentes

Cesar García opina que este drama “no va a ser muy largo” visto las experiencias anteriores. Unas de las más recientes datan de finales del año 2000, cuando saltaron las alarmas de las “vacas locas. La repercusión fue similar entre la población y al igual que en este caso creó “más alarga social que otra cosa”, señalan desde la UPTA.

La Unión de Pequeños Agrícolas y Ganaderos (UPA) comparte la misma posición y esperan que las ventas “continúen sin ninguna modificación”, manifiesta Diego Juste, director de prensa de la organización.

Una posible solución

Son muchas las opciones que han surgido a lo largo de los días para frenar la alarma social y buscar soluciones al problema. Desde comer menos cantidad a tomar cerveza para disminuir las probabilidades padecer cáncer. Lo han manifestado un grupo de investigadores dirigidos por la científica Isabel Ferreira, de la Universidad de Oporto (Portugal). La solución al problema podría estar más cerca de lo imaginado y es que, según la doctora, la carne empapada en cerveza disminuiría el riesgo de cáncer en personas, y mejor si es de tipo negra.

La tesis llevada a cabo por la especialista explica que al procesar la carne se producen unas moléculas llamadas hidrocarburos aromáticos policiclíticos (HAP), los cuales dañan el ADN humano y aumentan las posibilidades de que el cáncer se transforme en realidad. Con la cerveza, continúa, la carne formaría menos HAP, resultando más beneficioso para la salud. Así que si eres como Antonio y disfrutas comiendo un chuletón, hazlo acompañado de un vaso de cerveza.

Yasmina Pena/Adrián Campos