Internacional Opinión

Desead la paz a Jerusalén

“Desead la paz a Jerusalén: Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios”. Con estas palabras del Salmo 121 llevan siglos saludándose los habitantes de Jerusalén, la ciudad tres veces santa. Allí, las aspiraciones de paz siempre han estado de actualidad y en los últimos meses este deseo se ha incrementado. Las operaciones del Ejército Israelí de junio-julio de 2014 en las que arrasaron prácticamente la Franja de Gaza y que dejaron más de 2.000 muertos palestinos y menos de 100 israelíes, parecen ser los últimos estertores de este conflicto que dura ya demasiado tiempo.

En mayo de 2010, tres famosas cantantes – Marcela Morelo, Laila y Perla Malcos— ofrecieron un concierto en la ciudad israelí de Beersebaen el que rescataron un himno para la paz compuesto a finales de los años 60por YaakovRotblit“Canción por la paz/Shirlashalom [שירלשלום]” aunque la melodía fue aportada por melodía fue escrita por Yair Rosenblum. Este cántico, digno de ser escuchado en casi cualquiera de sus versiones colgadas en Internet, ha sido interpretado de muchas maneras, de modo que unos dicen que es una defensa encendida de la supervivencia del Estado de Israel a cualquier precio –la paz sólo vendrá con la victoria final de Israel sobre sus enemigos— y otros dicen que es un cántico pacifista que cae en el irenismo más naíf. Sea como fuere, Isaac Rabinfue asesinado después de cantar –junto a otras personas— dicho himno en un discurso, por lo que siempre ya estará unido a su persona.

Sea como fuera, el himno reclama lo mismo que el salmo citado al inicio del artículo: la paz para Jerusalén. Y eso es lo que en efecto ya todo el mundo quiere, tan cansados como estamos año tras año de contemplar la guerra en la Tierra Santa. Las baldosas de este camino ya están dispuestas. De una forma u otra, Ariel Sharon puso la piedra final al levantar el muro que separa las zonas bajo control palestino del resto del Estado de Israel; con aquel Plan de desconexión de Gaza, el premier israelí señaló las fronteras del futuro Estado palestino. A partir de entonces se puso fin a la sangría en Israel, de manera que la población del Estado judío dejó de clamar venganza en las calles y empezó a mirar hacia adelante. Por su parte, los palestinos comenzaron poco a poco a mirar con resignación el injusto muro y siguieron con sus vidas. Gaza es otro cantar, claro está.

Violencia, muerte, destrucción,… pero también elecciones y ensayo de democracia. Y así un año y otro año. Y al final casi todos en aquellas tierras han asumido lo inevitable, es decir, que si quieren poner fin a tantas decenios de luchas y de envenenamiento general de la región hay que aceptar que debe haber dos Estados –Israel y Palestina— que convivan en paz y resuelvan de manera civilizada los conflictos que en adelante puedan plantearse entre ellos –reparto del agua, vigilancia de fronteras, tránsito de turistas, reconocimiento de títulos universitarios…

Varios Estados occidentales han dado ya el paso decisivo de reconocer a Palestina como Estado; falta que Estados Unidos haga lo propio, previo permiso de Israel, claro está. Precisamente fue la Administración de Obama –Premio Nobel de la Paz en 2009— quien frenó esta iniciativa en el seno del Consejo de Seguridad ONU el 31 de diciembre de 2014, aduciendo que eso sólo puede venir de la mano de un acuerdo con Israel –razón no le falta—, de donde podemos deducir que eso ya está a punto de suceder.

No más muertes. Sólo una paz justa y acordada.

Antonio Alonso, profesor de la Universidad CEU San Pablo, Madrid