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El 42 por ciento de la población asegura que no vivirá una jubilación económicamente holgada

Más de la mitad de los mayores recomienda no confiar el bienestar económico únicamente a las prestaciones públicas

La crisis económica no solo ha afectado a la población trabajadora, sino que también ha trucado sus expectativas de futuro. Tal así que el 42 por ciento manifiesta que no está muy seguro de que podrá vivir dicha etapa con una economía suficientemente buena, según el Estudio de Preparación para la jubilación 2015, elaborado por Aegón.

Esta situación ya ha afectado a los jubilados actuales , de forma que el 66 por ciento de ellos recomienda a las personas que se aproximan a esa edad no confiar el bienestar económico e su retiro a las prestaciones públicas, bien sea ahorrando o contratando un plan de pensiones privado que le ayude a superar el bache. Lo hacen basándose en su propia experiencia porque el 10 por ciento de los jubilados aseguraron haberla retrasado porque, entre otras cosas, les preocupaba su estabilidad económica debido a que su pensión era menor a lo esperado.

La comparativa con aquellos que la han adelantado o lo realizaron a la edad planificada es enorme, pero no en todos los casos se ha ligado a factores positivos. Los que paralizaron su actividad laboral antes de lo planeado se debió, principalmente, a que perdieron su empleo durante la crisis, tuvieron problemas de salud o tuvieron que dejar su empleo para asumir nuevas responsabilidades familiares. En total, solo el 44 por ciento de los encuestados se jubilaron a la edad que tenían pensado.

En cuanto a la transición entre la etapa trabajadora y la de jubilación, el 56 por ciento lo hicieron de forma inmediata frente a un 11 por ciento que lo hizo de forma gradual, con jornadas laborales reducidas y contratos temporales.

Los jubilados de ahora son activos

La imagen de persona mayor jubilada ha cambiado, anatómicamente, pero la sociedad continúa viéndolos como individuos frágiles, incapacitados para el trabajo, débiles, de reacciones lentas, discapacitados e incapaces, pero no es así porque, los mayores de ahora continúan siendo personas activas.

Esto genera preocupación entre la población con mayor edad que, ante los prejuicios anteriores, no cuentan sus dolencias. Dicen que el remedio es peor que la enfermedad, y es cierto porque, ante la preocupación de perder su autonomía y depender de sus descendientes, la mayoría no muestra su malestar físico, por muy pequeño que sea.

Lograr un envejecimiento activo es fácil, aunque el modo de hacerlo tiene que ser constante. Ejercicio y actividad física, hábitos saludables, bienestar emocional y el uso adecuado de medicamentos son algunos de ellos, que además de alargar la vida, lo hará en un estado óptimo para no perderse nada de la vida.

Yasmina Pena