El FMI, Chicote y el señor Cuesta

El Fondo Monetario (FMI) debería dejarse de dar consejitos de barato, de los que se encuentran en cualquier rastro de manuales para salir de la crisis, y verse algún programa de los de Chicote, los de ‘Pesadilla en la cocina’, o mejor aún alguna reposición de la comunidad de “Aquí no hay quien viva”.

Si toda la solución que tiene para que la recuperación sea algo más que palabrería es subir los impuestos y bajar los salarios, apaga y vámonos. Hagan ustedes una encuesta a su alrededor y pregunten a los suyos si consideran que cobran de más o que palman de menos a Hacienda. No, señores míos, aquí los problemas tienen más que ver con si nos ponemos o no las pilas de una vez, pero todos y no solo los de siempre, que es más o menos lo que se encuentra el chef en cada nuevo restaurante que pisa: que currar, lo que se dice currar, se curra poco. Y además se curra mal.

Pero también hay una idiosincrasia española que si nuestros amigos del otro lado del charco no aprenden, difícilmente van a dar con la tecla algún día. La idiosincrasia que tan bien retrata la serie del bloque de vecinos del sr. Cuesta, y que no tiene que ver con ser latinos, sino con aplicarle sentido común a la vida. Es la idiosincrasia de que no se puede ser empleada del sexo y además poner la cama. En un país donde nos las han dado por todos lados, las concesiones que estamos dispuestos a hacer a sus graciosos gobernantes son mínimas. Y a las urnas del pasado 25 de mayo me remito.

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