El ladrillo, a mí, plim

Pues si lo dice José Luis Feito él sabrá, que para eso tiene todo un señor ‘think tank’ de la CEOE. Eso de que las viviendas van a pegar una subida brusca en el año 2016. Porque al margen de la mitomanía que tenemos los españoles con el ladrillo, no sé cuánto de bueno o malo es eso para la economía.

Si nos ponemos puristas y hablamos en términos exclusivamente de crecimiento económico, que la vivienda suba o baje es algo que afecta solo a quienes especulan con ella como valor, y no a quienes invierten en ella como bien de consumo. Desde el punto de vista del mercado, y también siendo puristas, el precio de la vivienda debería seguir bajando, dado que las estimaciones son de tres millones de familias sin hogar. Por tanto se trata de una necesidad y de un nicho sin cubrir, y eso quiere decir que en este mercado operan condicionantes que nada tienen que ver con el mercado.

Si damos el salto a las inversiones que necesita un país europeo, por muy en el furgón de cola que lo haya dejado el besamanos permanente a la banca alemana y china, nos encontramos que en el ladrillo no hay precisamente I+D+i, ni Educación, ni Internacionalización; si acaso Turismo, y gracias. Y si de lo que hablamos es de apuntalar la recuperación, que es lo que parece señalar Feito, más le vale al mandamás del Instituto de Estudios Económicos ir pidiendo cuartelillo. Venimos de 12 años, de 1996 a 2007, que han demostrado que el ladrillo es un bluff. Si vamos a seguir por ahí, mal asunto.

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