Economía

El papel del miedo en la inversión

Seguro que todos hemos leído algún libro o artículo sobre sectores, mercados o empresas con potencial, profundos análisis fundamentales, o grandes sistemas de inversión.

Pero es menos frecuente tratar sobre un elemento que al final tiene tanta o más influencia en la inversión: la psicología en general, y en particular, el miedo que todo inversor siente en algún momento.

Cuando el mercado cae sin freno y los ahorros que tanto esfuerzo le ha costado obtener pierden valor por minutos, es inevitable sentirlo.

Qué es el miedo

Desde un punto de vista fisiológico, en cuanto notamos una amenaza potencial nuestro cerebro segrega una sustancia que provoca un cambio bioquímico en el flujo de dopamina, creando un desbalance con los niveles de serotonina e iniciando la percepción de una sensación desagradable. Un simple mal olor puede desencadenar este proceso induciendo una pequeña reacción de estrés.

Una sensación de amenaza clara es capaz de alterar significativamente el equilibrio bioquímico, de forma que se incrementan aún más los niveles de estrés. Esta parte de nuestro cerebro tiene una respuesta altamente autónoma y procede de los vestigios del cerebro reptiliano.

Puede provocar una reacción extrema de supervivencia que se conoce como reacción de lucha-huida. El cuerpo se prepara para enfrentar la situación según el peligro que tenemos delante. Estamos listos para luchar o escapar. Eso es lo que ha mantenido en marcha la evolución de los humanos. Así, los individuos más capaces de afrontar el peligro y luchar/escapar eran los que sobrevivían y perpetuaban la especie.

Esa reacción automática de miedo tiene su origen en la prehistoria más antigua, cuando nuestros ancestros se paseaban por la sabana y aparecía un león hambriento que amenazaba directamente su seguridad y la de sus seres próximos. ¿Tiene esto ahora el mismo sentido? La respuesta inmediata es no. Nadie nos va a comer de un bocado en una ciudad en pleno siglo XXI; sin embargo la adaptación evolutiva se mantiene, y debemos afrontar otros peligros que tienen exactamente la misma reacción que teníamos miles de años atrás. Ahora no es un león, pero puede ser un coche, o puede ser el miedo a perder dinero, que nos proporciona bienes necesarios.

El miedo en la inversión

En 2008, en plena crisis subprime, teníamos muchos inputs de prensa y analistas que nos daban motivos para que el miedo campara a sus anchas por los mercados financieros:

  • Las economías avanzadas no volverán a tasas de crecimiento destacables durante muchos años.
  • Las tasas de paro seguirán elevadas hasta por lo menos 2020.
  • La prima de riesgo de las economías del sur de Europa seguirá por los aires y la deuda soberana desbocada.
  • Europa y Estados Unidos están en franco retroceso, su papel será sustituido por las economías emergentes, sobre todo China, pero también Rusia o Brasil.
  • El petróleo podría seguir subiendo por encima de $150/barril con un impacto catastrófico en la inflación y en la economía productiva.

A toro pasado, vemos que nada de eso se ha cumplido, y simplemente asistimos a la recesión cíclica que cada cierto tiempo se produce.

Ahora, después de diversos años de crecimiento global, sobre todo en Estados Unidos tenemos nuevas amenazas:

  • El empleo se está recuperando demasiado lentamente.
  • El PIB crece en Europa y EEUU de forma irregular.
  • La prima de riesgo se ha reducido por las intervenciones de los Bancos Centrales, pero el endeudamiento es demasiado elevado.
  • Los países emergentes son una bomba de relojería, en particular su deuda.
  • El petróleo se desmorona por debajo de $40/barril, siendo una amenaza para la estabilidad global.

Vemos que muchos de los mensajes son contradictorios. En 2008 era un problema el precio alto del crudo, en 2015 el problema es justo el contrario. Por tanto, siempre encontraremos amenazas potenciales para nuestras inversiones.

 Algunos consejos para no ser presa del miedo

  1. Distracción: En momento de estrés es aconsejable no operar. De la misma forma que se recomienda no ir de compras en esa situación, menos aún para gestionar nuestras inversiones.
  2. Valor y precio: Una inversión no es ni mejor ni peor cotizando a 10€ o cotizando a 15€, es la misma. Siempre hay que centrarse en el valor, no en el precio.
  3. Ser consciente de las propias limitaciones: Si somos muy inquietos, igual es mejor no operar con mercado abierto y dejar órdenes sin mirar el mercado.
  4. Coherencia: Si somos inversores a largo plazo (años), ¿por qué miramos cómo evoluciona nuestra cartera cada día?

Conclusión

Dice uno de los mejores inversores de la historia, Warren Buffett que “La cualidad más importante de un inversor es su temperamento, no su intelecto”.

Todos sabemos que para invertir en bolsa con cierto éxito no es necesario ser un experto en finanzas, pero sí lo es tener una estrategia definida y seguirla con convicción. En ese contexto, la psicología en general y el miedo en particular tienen un papel muy relevante, por eso es importante conocer nuestras debilidades y saber gestionarlas.

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