Opinión

El problema de las pensiones, por Álvaro Lodares

Puede que haya uno o dos sistemas de pensiones que sean tan malos como el nuestro. Realmente tenemos un sistema de reparto que es la evolución histórica de un sistema tradicional que ha sido parcheado en repetidas ocasiones, que se ha utilizado para muchas cosas, para privilegiar a varios colectivos y que hoy en día está completamente desbordado por la demografía española.
Al sistema de reparto español le ha pasado lo peor que le puede pasar a un sistema de pensiones: que sucesivamente en el tiempo se de un boom de natalidad como el de los años 60 y después una caída estrepitosa de los nacimientos. ¿Qué va a ocurrir entonces?
El momento en que se empiece a jubilar la generación de los años 60, es decir a partir de 2025, va a coincidir con un periodo en el que el mercado de trabajo español va a tener menos personas que por razones de edad se vayan incorporando a el. Eso hace que las pensiones se vuelvan insostenibles y que realmente nos merezcamos una reforma de las pensiones en profundidad.
Tenemos un sistema que es muy rígido, que tiene una “contributividad” muy mal diseñada. Hay que repetir una y otra vez que un mileurista español en realidad gana 1.300 euros en números redondos. Le da 300 euros a la Seguridad Social todos los meses para financiar su pensión.  Esa ficción de que una parte la paga la empresa y otra el trabajador es un disparate económico.
Si tú aplicas la ley vigente ahora mismo, con la reforma del 2013 que prevé un factor de sostenibilidad que se empieza a adaptar en 2019, los pensionistas españoles tienen un dividendo -al ser la tasa de inflación baja o negativa- con lo cual el valor real de las pensiones no ha caído, pero esta es una situación claramente excepcional con la que no podemos contar. El objetivo de inflación del BCE que algún día supongamos que lo acabará consiguiendo es del 2 por ciento y cuando uno hace proyecciones de este tipo acota la evolución a lo que es razonable.
La indignación que en el futuro puede suscitar en los colectivos más necesitados, en los jubilados que cobrarán pensiones mínimas contributivas o no, las hará intolerables. Al final las pensiones subirán y habrá que retocar lo que todavía no se ha planteado que es la “contributividad” del sistema.
¿Qué es lo que tendría que pasar para que esto no ocurriera?  Tendría que haber un incremento en la participación laboral tremendo, o un incremento en la natalidad brutal, o un incremento en la productividad enorme, que generara incluso con el mismo número de trabajadores poder redistribuir. Todo eso son cosas fuera del control del Gobierno. Una cosa es querer redistribuir y otra cosa es poder hacerlo. Ni Bismarck, ni Keynes, ni nadie puede controlar procesos no controlables.  Si cualquier político piensa que va a controlar los procesos de natalidad, participación laboral, preferencia por el ocio frente al ingreso, estructura familiar interna… yerra. Y yerra hasta el punto de que organiza sistemas que luego no pueden controlar.
Necesitamos un sistema que sea flexible por todos esos elementos que uno no puede controlar. Un sistema que sea capaz de adaptarse a cualquier perturbación demográfica y económica. Eso es lo que hace al sistema español tan malo y el asunto está resuelto: se llama cuentas nocionales.
Lo que es fundamental es que todos los cotizantes españoles sepan cuáles son sus derechos pensionables. O sea cuál es el saldo de tú cuenta. Tú este año has cotizado  10.000 euros, pues 10.000 euros. ¿Y entonces qué pasa? Que cuando llegan las tormentas, cuando hay un problema demográfico o económico en España sólo puedes hacer una cosa que es lo que hacen los factores de sostenibilidad: bajar las pensiones, que es lo más canalla. Si tú hubieras calculado los derechos pensionables les podrías decir a todos los trabajadores españoles: miren, por razones que yo no puedo controlar, ahora mismo y en los próximos 20 años el sistema va a entrar en una fase de insostenibilidad. Los recursos que va a generar el sistema por lo que podemos anticipar hoy, son insuficientes para hacer frente a sus gastos. Con lo cual vamos a hacer lo siguiente: si es absolutamente irremediable vamos a bajar mínimamente las pensiones, pero sobre todo vamos a bajar los derechos pensionables ciertos de los trabajadores. Que sepan que para tener la misma pensión van a tener que hacer un esfuerzo suplementario. Obviamente alguien puede decir: ya, pero bajarte la pensión al fin y al cabo es lo mismo. Sí, pero es mucho menos transparente.
Cuando yo veo a gente formada y razonable que ha perdido toda la fe en el sistema de pensiones español que recauda 109.000 millones  hay que decirle que sí va a tener pensión y si se cotiza mucho, una pensión mayor. Otra cosa es si se puede organizar mejor tú pensión y la respuesta es claramente sí. Lo que debemos empezar a pensar es que los tipos de cotización son muy altos y que los topes son muy bajos. Tenemos que empezar a pensar sobre qué grupos de salarios está recayendo el esfuerzo de solidaridad del sistema: la clase media baja. Los mileuristas españoles cotizan demasiado y luego hay muchos españoles que cotizan lo que les da la gana: los autónomos españoles cotizan lo que les da la gana, los mineros españoles se jubilan muy pronto, los del mar hacen otra cosa y los funcionarios algo totalmente privilegiado. 
 
¿Cómo conseguir que la pensión mínima que está en 634 euros, en el 2075 no sea de 382 y pueda ser de 1.000 euros por ejemplo? Yo lo haría destopando las cotizaciones. Que un mileurista español no pague el 28 por ciento de los primeros 40.000 y 0 por los siguientes. Una persona que gana 10.000 euros en España por los primeros 40.000 paga el 28 por ciento y por los segundos paga cero, o lo que es lo mismo, nada. Yo simplemente destopo: la persona que gana 100.000 paga 20.000 y la que gana 10.000 paga 2.000. 
 
Como digo de esto no habla nadie en las campañas electorales, ni en las que hemos vivido recientemente ni en las que puede que nos toque vivir a no mucho tardar y el problema es grave. Esto es lo que encierra ese pacto de silencio llamado pacto de Toledo. La omertá que roba a los españoles la opción de hablar del mayor problema de su historia. 
Álvaro Lodares
Economista