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¡Aprovechen la siesta!… Hoy dormiremos una hora menos…

¡Horror! Dirán los remolones… ¡Estupendo! Los madrugadores… Hoy, a las 02:00 de la madrugada toca adelantar los relojes hasta las 03:00 porque comienza “Hora de Verano”. Un cambio que afecta a los países miembros de la Unión Europea. Pero ¿cuál es la historia de este cambio?

El “Cambio de Hora” se remonta a 1974, cuando estalló la primera crisis del petróleo y algunos países optaron por adelantar sus relojes para aprovechar mejor la luz del sol, y consumir menos electricidad.

Desde 2001, este cambio se aplica de manera indefinida por entenderse que “el buen funcionamiento de algunos sectores, no sólo el de los transportes y las comunicaciones, sino también otras ramas de la industria, requiere una programación estable a largo plazo”.

La Novena Directiva, aprobada en 2001 con vocación de permanencia, está avalada por las conclusiones de un estudio acerca del alcance y efectos, que concluye que tiene impactos positivos sobre el ahorro y otros sectores como el transporte, las comunicaciones, etc…

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) Entidad Pública del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el potencial ahorro en iluminación en España debido al cambio de hora, puede suponer un 5 por ciento del consumo eléctrico en iluminación que equivale a unos 300 millones de euros, de los que 90 millones corresponderían al potencial de los hogares españoles, lo que se traduce en un ahorro de 6 euros por hogar, mientras que los otros 210 millones restantes se ahorrarían en edificios del terciario y en la industria.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas y muchas son las voces contrarias, ya que por sí sóla la medida no funciona. Para lograr ese ahorro todos tenemos que poner de nuestra parte y llevar a cabo un comportamiento responsable en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando no es necesaria, así como el uso de tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural en edificios del terciario e industrias. Estas tecnologías consisten en fotocélulas o sensores de luz que apagan o regulan la iluminación artificial en función de la luz natural aportada a la zona mediante ventanas o lucernarios.

Odina Sanz Barnola