Opinión

Feliz Año Nuevo

Las hay de todos los colores. Al menos de los principales: rojo, amarillo, azul, morado, blanco y por supuesto el negro, sin olvidar el gris ceniza, el color del corrupto, que en su egoísmo y su egolatría consume a su propio país entre bocanadas de humo que terminan, siempre, en prisión.

Las hay de todas las medidas, 52 por 60, 55 por 70, 85 x 105, como si de esta manera nos recordaran la propia naturaleza de las llamadas precisamente “medidas” anticrisis. Es decir, recortar en lo que se califica de intocable cuando se está en la oposición, y los mismos que se rasgan las vestiduras se pasan por el arco del triunfo cuando gobiernan. No piensen en Educación y Sanidad. Piensen en sus mozos, en los que se van a dejar un riñón para que tengan estudios. Piensen en sus abuelos, cuyos tratamientos les van a costar a ustedes los ahorros, si es que han podido ahorrar.

Las hay con asas y las hay que se alzan a pelo, como la reforma laboral que nunca se iba a acometer y que deja las conquistas sociales en un mala sombra de sí misma. Las hay de tan mala calidad que se rompen con tocarlas, como la democracia en manos de las castas políticas; y las hay hasta con olores, como quienes intentan camuflar el nauseabundo aroma que desprende el bipartidismo en putrefacción irremisible.

¿Saben de qué les hablo? De las bolsas de basura. De las muchas que habría que usar para meter en ellas a este 2014 y llevarlo a la incineradora. Y recibir a 2015 habiendo espabilado como sociedad. A ver si somos capaces.