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Juliana Pereira (Mi calle NY): no es lo mismo explicar el ‘ticket wellnes’ a un banco que a una firma de moda

Trasladarse y mimarse como al otro lado del charco pero en pleno barrio de Chueca. Es Mi calle de Nueva York, un local para uno mismo en el que desconectar mientras el cliente disfruta de una  manicura, pedicura o un masaje con las últimas tendencias de alta cosmética. Diario Financiero se ha trasladado hasta ese maravilloso local, cargado de glamour, para probar esa experiencia en carne propia y hablar con su directora creativa, Juliana Pereira, una americana que hace 10 años dejó su país, montó en su propio negocio en España y lleva la manicura y los masajes a las propias empresas.

¿Cómo nació la idea de llevar este servicio de manicura y masaje a las empresas?

Nació un poco por ver el perfil de nuestra clienta, una mujer con poder adquisitivo medio alto, trabajadora o emprendedora, madre, alguien que no tiene tiempo para mimarse a sí misma. Abrimos también los domingos porque ellas nos dicen que es el único día que pueden acercarse aquí. Entonces, pensamos por qué no intentamos llevarlo como wellnes a empresas. Cada vez más, las grandes compañías incorporan un gimnasio, un fisioterapeuta… entonces dijimos que es totalmente compatible con esta parte que es belleza estética pero también bienestar.

¿Van a empresas en las que los trabajadores están más de cara al público o a todas en general?

A todo tipo de empresa, pero fundamentalmente a esas que nos suelen contratar por tema de imagen, como una firma de lujo o una marca de moda, cuyo personal en tienda debe tener una buena imagen. También a aquellas otras en las que no están cara al público pero quieren facilitar este servicio al empleado. Ellos ven el valor añadido en el sentido de que si yo facilito esto no tienen que salir a la hora de comer, no tienen que salir más temprano al final del día, etc.

Es un paso para conciliar la vida laboral con la personal

Exacto. Es un paso pequeño pero sí. Al final, las empresas buscan un empleado que esté feliz y que tenga rendimiento. Entonces, ellos entienden que tienen su trabajo pero también su vida personal y así pueden facilitarle esa conciliación.

¿Y cómo beneficia eso a la empresa?

Para nosotros es otra fuente de ingreso. Tenemos el salón, que siempre va a estar ahí porque es la experiencia de venir y estar siempre en un rincón de Nueva York sin salir de Madrid, pero es otra fuente no sólo porque nos contratan empresas para ir directamente. Además hay dos modalidades, un servicio en beneficio para el cliente y el cual la empresa absorbe el coste o simplemente es facilitar lo que es el servicio y el empleado es el que lo paga directamente. También nos contratan empresas que tienen un lanzamiento de un producto y llevamos las manicuristas para hacer eventos. Un ejemplo es Nike, que en un evento hicieron una zona VIP para gente del mundo del Basketball cuando España ganó la copa, algunos hoteles también nos llaman para contratar el servicio… no simplemente es sólo la empresa para el empleado, sino aquellas que también intentan ofertar una idea original para sus clientes. Las empresas, tanto para empleados como clientes, están buscando una manera diferente de atraerlos.

Decía antes que hay dos maneras de pago, una que asume la empresa y la otra el trabajador mismo, ¿cuál es el más utilizado?

En España hay la costumbre del ticket restaurant. Nosotros hemos creado el ticket wellnes, el cual las empresas entienden mejor. Vamos a espacios coworking, donde hay varias empresas con muchos emprendedores que no tienen tiempo para ellos. Cada persona paga lo suyo o vamos a la empresa grande que utiliza el ticket wellnes, que al final es como un beneficio para el empleado.

¿Y por qué uñas y masaje?

Uñas porque es la carta de presentación, es la única cosmética para la que uno no se tiene que ver en un espejo. Puede parecer una tontería pero cuando las tienes arregladas te sientes mejor. Y masaje hay de varios tipos: craneal, en las muñecas por estar siempre con el ordenador, manicura con puntos de reflexología para la gente que está muy tensa… son específicos para un tipo de empleados o empresas.

Entre sus clientes hay mujeres y hombres pero, ¿nota un aumento de éstos últimos?

Sí. Ya lo hemos visto en los últimos dos o tres años. Es interesante porque nosotros tenemos un perfil de cliente, por ejemplo el latinoamericano, que ya está acostumbrad os a tener estos servicios en sus países, entonces no le parece algo pensado para las mujeres. El español lo ve cada vez más no como un capricho para la mujer, sino como parte de su imagen, entonces sí se ve este incremento. Tenemos altos directivos, nosotros vamos a su despacho y lo van pidiendo. Es más normal el masaje, pero la manicura se está pidiendo cada vez más.

¿Con cuantas empresas colabora actualmente?MCNY Beauty

Colaboramos con 12 empresas que van desde el colegio English for Fun, Nike, Gillette…

Y por tamaño de empresa, ¿trabajan con todo tipo?

Sí, multinacionales, pymes, centros coworking, tenemos showrooms de moda, agencias de publicidad, colegios…

Vamos hablar ahora un poco de Mi calle de Nueva York, ¿cuántos años tiene?

Este año cumplimos 10 años de vida y se inició porque en España no había este concepto. Estaban las peluquerías en las que te hacías las uñas pero para una boda o un acto especial, pero lo que es un centro dedicado específicamente al cuidado de uñas no había. Las personas vienen aquí porque se las muerden, las tienen muy débiles, se han dejado el esmalte negro y ahora las tienen amarillas… problemas muy específicos y no existía un centro dedicado solamente a ello. Nosotros somos pioneros en ese sentido y hemos ido evolucionando en el tiempo. Trabajamos con productos exclusivos y eso es lo que marca la diferencia en Mi calle de Nueva York. Yo siempre estoy viajando a París, Londres y Nueva York en busca de las novedades. La empresa nació con la idea de hacer tratamientos específicos muy personalizados a las necesidades del cliente y ha ido creciendo al ser los primeros en traer esmaltes de los grandes diseñadores y tratamientos de piel con firmas, son cosas que solo pueden conseguir aquí. Y luego está la experiencia, los clientes entran en el local y desconectan, les servimos un té, el tratamiento es personalizado.

¿Tiene sólo este establecimiento o más?

Sólo este. Como Mi calle de Nueva York hemos llegado a tener tres: dos en el barrio de Salamanca y éste. Al final hemos decidido conservar éste y hacer otro trípode de proyectos como son las fiestas de despedida, fiestas de niñas, los 40 cumpleaños… luego tenemos un espacio abajo que nos piden para hacer el lanzamiento de un nuevo producto, un masterclass de maquillaje, una cata de perfume, hemos hecho hasta temas gastronómicos… el espacio lo hemos reinventado porque al final tener varios locales supone más personal, más coste y si dentro de un espacio pueden hacer y luego llevar este servicio a las empresas tienes otras fuentes de ingresos.

¿Cómo es el proceso de ir a las empresas y proponerles este servicio, quién acude a quién?

Depende, yo creo que como cuando iniciamos ya arrancamos con todo esto pensamos en coger a todas las empresas americanas que están en España y entienden un poco más este concepto. A raíz de eso funciona el boca a boca. Además, como hacemos colaboraciones con muchas firmas, como Dior, la gente se entera. Al principio cuesta explicar que es un ticket wellnes, no es lo mismo explicárselo al responsable de un banco que a una firma de moda, o una agencia de publicidad. Luego, las clientas se han enterado del servicio y lo han demandado a sus empresas.

¿Cuánto tiempo lleva con este servicio?

Este verano cumplimos un año

Usted como americana y que conocía este servicio de años, ¿qué diferencia observa entre España y Estados Unidos?

Yo creo que poco a poco, como cada vez se habla más de conciliar la parte laboral con la personal y familiar, este servicio avanza. Yo llevo 10 años en España y desde antes ya tenía eso, cuando trabajaba en multinacionales en Nueva York. Yo creo que todo llega a España, más tarde, pero llega y creo que se va aceptando cada vez más, primero tienen que ver cómo funciona y luego todo lo hace el boca a boca.

Yasmina Pena