La banca española, a la cola de Europa en solvencia según la EBA

La banca española cuenta con ratios de solvencia por encima de los exigidos por ley pero a la cola de los sistemas financieros vecinos, aunque en morosidad ha conseguido doblegar el problema y presentar un porcentaje ya cercano al promedio europeo.

Son las conclusiones que se extraen del ejercicio de transparencia divulgado hoy por la Autoridad Bancaria Europea (EBA), donde desnuda los balances y cuentas de las 130 entidades financieras significativas que están bajo supervisión directa del Banco Central Europeo (BCE).

Conforme a esos datos, el capital de máxima categoría medio o CET1 fully loaded ha descendendido en la banca del Viejo Continente escrutada al 14,27% en junio pasado desde el 14,61% de diciembre de 2017, último dato conocido al haber realizado sobre dicho balance su reciente test de estrés.

Ganan, sin embargo, solvencia a un año vistas porque en junio de 2017 se situaba en el 14%, aunque con grandes diferencias del ratio entre los distintos países. Ahí la banca española está a la cola con un 11,07% CET1 fully loaded, que desciende desde el 11,38% del cierre de 2017. En umbrales similares, aunque superiores, se sitúa el sector financiero chipriota (11,38%), seguido por el italiano (11,88%), búlgaro (12,47%), griego (12,66%) y luso (12,70%).

Los sistemas con mayor solvencia son Islandia (22,23%), Luxemburgo (22,17%), Suecia (21,09%) y Eslovenia (19,91%). Alemania, Reino Unido y Francia se colocan en la mitad de la parrilla, con el 13,91%, 15,39% y 14,34% y 13,91, respectivamente.

El Banco de España volvió a solicitar precisamente esta semana al sector que refuerce la hucha para acercarse a sistemas gemelos, reconociendo que las tasas actuales cumplen en exceso con los mínimos legales requeridos.

MOROSIDAD EN LÍNEA CON LA MEDIA

La morosidad, en cambio, ha dejado de ser el gran problema aunque también demandó esfuerzos adicionales para reducirla y que no continuen lastrando la rentabilidad. A escala europea los préstamos improductivos suponía en junio un 3,58% del stock financiado, por debajo del 4,05% del cierre de diciembre.

Se trata, de hecho, del menor nivel desde que se amornizó la definición y la manera de contabilizar estos activos dañados en el año 2014, cuando estaban en el 6,5% de media.

En España la tasa se situó en el 4,24%. Los peores registros corresponden a Grecia (44,81%), Chipre (26,48%), Bulgaria (16,17%) o Portugal (15,03%). El mejor ratio lo exhiben los bancos de Luxemburgo (0,17%), Suecia (0,96%) y Estonia (1,09%).

En Alemania, las entidades escrutadas por la EBA apenas sufren un 1,70% de mora; en niveles similares al 1,49% de Reino Unido, mientras que en Francia alcanza el 3%.

En muchos de estos países el examen se circunscribe a sus principales bancos y deja fuera a muchas entidades regionales públicas o pequeñas cajas, mientras que en España alcanza al grueso del sector financiero porque analizada a todas las grandes y medianas entidades. Para el examen tiene en cuenta los datos de Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell, Bankia, Kutxabank, Unicaja, Abanca, Liberbank, Cajamar e Ibercaja.

ESCASA RENTABILIDAD

Según la EBA, en general, el sector bancario de la UE ha continuado beneficiándose de la evolución macroeconómica positiva en la mayoría de los países europeos, que contribuyó al aumento de los préstamos, al fortalecimiento de los ratios de capital y a mejorar la calidad de los activos.

Pero enmienda que la rentabilidad continúa siendo baja en promedio y aún no ha alcanzado niveles sostenibles, al situarse por debajo del coste de capital.

La EBA alerta de que las «vulnerabilidades» por los riesgos a la baja para el crecimiento económico, la reactivación del proteccionismo y el riesgo político elevado siguen siendo altas y «podría poner en peligro los esfuerzos de los bancos para reducir los activos heredados», en alusión a la carga improductiva. La rentabilidad continua además estancada en el 7,2% en relación a los recursos propios exigibles o capital (Roe).

Entre los desafíos a futuro avisa además del reto para reemplazar la financiación del BCE ahora que acaba su programa de estímulos y emitir al tiempo la deuda exigible para completar los nuevos colchones de capital (Mrel), cuando además se avecinan subidas en los tipos de interés.

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