Opinión

Las niñas ya no quieren ser princesas…

Fue el gran cantautor Antonio Flores cuando, “pongamos que hablaba de Madrid”, vaticinaba la revolución que se vivía no sólo en la capital sino también en toda España. “Las niñas ya no quieren ser princesas”, ahora quieren ser periodistas, psicólogas, abogadas o empresarias. Es decir, llevar las riendas de sus vidas con horarios que no se rijan por la flexibilidad de una máquina y una papeleta que marque las horas en las que pasar de la falda de tubo y el moño al mandil y la coleta.

Las niña no queremos ser princesas y nos hemos vuelto más resilentes, adjetivo que por cierto, empleamos cada vez con más frecuencia para definir la capacidad del las mujeres de sobrevivir y sobreponerse a los malos tragos. He ahí el caso de las autónomas, apenas un tres por ciento de ellas, cayeron ante los azotes de la crisis; y no solo eso, las dulces féminas somos capaces de crear empleo, y mucho, en concreto y en lo que se cierne al Programa de Apoyo Empresarial a la Mujer de las Cámaras de Comercio, desde inicios del siglo XXI, 34.610 nuevos puestos de trabajo.

Recuerdo cuando a principios de los años 80 jugaba con muñecas y veía la propaganda en blanco y negro de la “mujer del año”, una profesional que mostraba un estado de hipócrita felicidad ante un señor con traje, para luego continuar la jornada de abnegada esposa y madre perfecta. Una mentira que afortunadamente ha dado paso a la realidad y a la cada vez mayor igualdad entre hombres y mujeres, aunque bien sea dicho, queda mucho camino por recorrer.

Nunca he sido una mujer feminista, todo lo contrario, quizá he pecado de machista. No soporto la hipocresía socialmente aceptada de que por ser mujer y por imperativo de paridad las mujeres disfrutemos de los privilegios de ocupar un número equis de puestos directivos, eso no es igualdad. ¿Es que maquillarse por la mañana nos otorga un plus de valía? Ellos también se afeitan… Ahora bien, tampoco tolero el que por querer ser madre alguien me quite puntos en la lista de candidatos, cosa de la que se vanaglorió la presidenta del Círculo de Empresarios en su día, Mónica de Oriol, que si no me falla la memoria y la percepción también es mujer, madre y empresaria.

Con todo ello y sacando a paseo mi lado más machista, lo que les vengo a decir, señoras y señores, es que no nos pongamos galones de una idea, una palabra que queda muy bien en boca de todos pero que de tan manido y abusado ha perdido gran parte de su sentido. En definitiva, si me preguntan mi opinión les diré, cambiemos el día de la mujer por el día de la igualdad, pero de la de verdad, no de esa del postureo y las buenas maneras.