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Lo bueno y lo malo de ganar la lotería

Durante el último tiempo el escenario laboral ha sufrido varias caídas, tal es así que Europa no ha conseguido repuntar en términos de empleo, y eso se debe a que no existe una política que haga posible imaginar siquiera el erradicar la falta de trabajo en un país. Las bolsas de valores no suben y comienzan los tropiezos constantes con acciones que nunca terminaron por adaptarse a los cambios. La inestabilidad económica y la falta de empleo obligan a que los gobiernos adopten medidas urgentes donde se mejoren ciertas competencias o al menos se pueda trabajar con cierta estabilidad.

Quienes tienen algo de dinero ahorrado, y han decidido tomar un descanso mientras la problemática económica pasa un poco, se han dado cuenta de lo importante que es tener profesionales cerca que brinden consejos y opciones para pasar el mal rato, como por ejemplo invirtiendo en la bolsa. Este tipo de inversiones es compleja y no se asemeja en nada a jugar a la lotería, pues en este caso no solo se pierde el dinero del boleto, sino la inversión hecha cuando las cosas no salen bien. Para muchos España está en un regreso, uno que la hará enfrentarse a sus fantasmas más amargos, como por ejemplo la deuda pública ¿y ahí qué puede hacerse?

Existen algunos que ven en todo esto una oportunidad para surgir y crecer, pues toda crisis es en el fondo una oportunidad, Siempre que se enfrenten situaciones complejas es mejor analizar los puntos de inflexión, aprender y volver a pararse. El éxito laboral y profesional no admite un análisis sencillo ni puede depender de un hecho azaroso como sería el conseguir los resultados de la lotería perfectos. Quienes han obtenido premios de lotería han aprovechado en su mayoría el dinero sorteado, aunque muchas veces éste no hace la felicidad. El equilibrio y la seguridad personal son dos elementos cruciales en toda persona que gane un premio importante en la lotería y no quiera volver a lo mismo de antes en un par de meses. La idea de jugar lotería no se arraiga en arreglar todos los problemas que se tengan, sino más bien en no volver a exponerse a ellos de forma consciente.

Ganar el premio más grande de la lotería no otorgará felicidad, pero sí evitará el sucumbir emocionalmente ante las indecisiones del mercado que a tantos les ha dado una dura lección.