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Los adolescentes que charlan con sus padres y cenan con ellos rinden más en el colegio

Los adolescentes que realizan la comida principal del día con sus padres y que conversan con ellos a menudo obtienen mejores notas en Matemáticas. Así se desprende al menos de un estudio elaborado por el Consejo Escolar del Estado presentado este martes en Madrid, en el que se recogen seis investigaciones con muestras de población de España y otros países europeos.

En concreto, los jóvenes europeos de 15 años que habitualmente realizaban solos la comida principal del día obtuvieron 485,7 puntos en matemáticas, mientras que los que comían a cenaban siempre o casi siempre con sus progenitores consiguieron 530,9 puntos.

Del mismo modo, aquellos que dedicaban siempre o casi siempre tiempo a conversar con sus padres sacaron 532,7 puntos, frente a los 474 puntos que lograban los que nunca casi nunca dedicaban tiempo a hablar con su familia. El trabajo también señala que el rendimiento académico de los alumnos mejora con una mayor implicación o sentimiento de pertenencia con el centro por parte de las familias, algo que a su vez fomenta la participación.

Otro factor importante tiene que ver con las expectativas familiares, esto es, con ejercer “una tensión hacia arriba”, o lo que es lo mismo, “convencer a los hijos de que si se quiere, se puede”. En cuanto a la participación académica de los padres, llama la atención el hecho de que esta influye más a medida que avanza la edad de escolarización. Resulta irrelevante en Infantil, importa poco en Primaria y es determinante en Secundaria.

Sin embargo, los hechos demuestran que esta participación varía en realidad en sentido contrario, ya que los padres se implican mucho más en Infantil y Primaria y dedican menos tiempo en Secundaria y otras etapas posteriores.

En España

La investigación, que en el caso de España emplea una muestra de más de 15.000 familias, revela no obstante qe actividades como ser miembro de las asociaciones de padres y madres o del Consejo Escolar tienen un impacto muy limitado en el rendimiento de los hijos.

Según María Castro, autora principal del trabajo, esta participación “formal” resulta “menos relevante” que la implicación “informal”, como por ejemplo estar pendiente del desarrollo académico de los hijos, vigilar sus deberes o hablar con los profesores. Se da la circunstancia de que los progenitores “más participativos” son, en su mayoría mujeres, de nivel socioeconómico y cultural elevado y con estudios superiores.

Este informe se ocupa de investigar la importancia de la implicación familiar en el rendimiento académico y no analiza factores como la calidad del profesorado o el nivel cultural y económico de las familias, cuya influencia resulta más determinante, precisaron sus autores.

Con todo, ofrece una serie de conclusiones y recomendaciones entre las que destacan la puesta en marcha de programas de compensación educativa para aquellos jóvenes que carecen de apoyo familiar con sus estudios; el diseño de políticas públicas y por parte de las empresas que faciliten una efectiva participación de las familias en la vida escolar y la necesidad de apoyar a las familias monoparentales o con más cargas, que disponen de menos tiempo para atender a sus hijos.