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Los Mozart de la tecnología no superan los 16 años

Un campamento en el que los más pequeños hacen trabajos de grandes programadores informáticos

La tecnología es el mañana, por eso desde Conmásfuturo contribuyen al aprendizaje de los más pequeños, una enseñanza que, además de formarlos, les ayuda en su rendimiento escolar. Estos son cursos destinados a niños de entre 5 y 16 años donde aprenden a programar, hacer su propio drone e incluso diseñar videojuegos, con herramientas adaptadas a cada segmento de edades. Diario Financiero se ha acercado al campamento que se está desarrollando durante las vacaciones de Semana Santa. Aquí, como explica su director, Antolín García, lo más pequeños “hacen juegos tecnológicos, los programan y luego juegan con ellos. Pueden programar una rayuela, un memory, hacer un pompero electrónico o juegos que manejan”. Pero lo que caracteriza este campamento, al igual que el resto de los cursos que llevan a cabo durante el año en los colegios o los sábados en su propio edificio, es que mezclan el aprendizaje de tecnología y programación con otra parte “más lúdica, de juegos, risas, aire libre y estar con los compañeros”. Y es que lo fundamental para ellos es que se lo pasen bien. Por otro lado, están los más grandes, que son verdaderos expertos porque hacen cosas casi de profesionales. Un ejemplo es que uno de ellos ha hecho “laser con impresoras 3D, con placas arduino y que, desde una  aplicación para el móvil conectada mediante bluethooth se cuentan las balas que dispara, los aciertos, etc.”.

La acogida, como dice Antolín García, “es maravillosa”, tanto por parte de los pequeños como de sus padres. De hecho, nos cuenta que uno de estos progenitores les envió un correo diciendo que “no sabía si el niño estaba más contento ganando ligas de futbol o pensando que venía a clases”. Y es que esta actividad es “muy ilusionante porque pueden hacer un videojuego o un mode para minecraft (actividad que consiste en diseñar tu propio mundo dentro de un juego para ordenador o consola)”, algo que a ellos les apasiona y que toman como “un reto artístico” que no paran hasta conseguir.

Pero esto no es todo porque el campamento también contribuye en la mejora académica de los asistentes. Antolín García afirma que los padres dicen que sus hijos “han mejorado en matemáticas, en creatividad, en iniciativa…” algo que notan ya en el colegio y en las notas.

Proyectos libres

En el campamento, cada niño decide cómo quiere realizar su actividad. El monitor les propone un proyecto cerrado al que los niños tienen que llegar de forma libre, cada uno como quiera y, como dice el director, “muchas veces sorprenden a los propios monitores con formas nuevas”. Además, se alegra al comunicar que “es un entrenamiento excelente para el futuro de los críos”.

De esta forma, Conmásfuturo huye del cliché de que el aprendizaje no es compatible con la diversión porque en este campamento las cosas son al revés. Antolín manifiesta que los niños “disfrutan mucho y cuando llegan a casa siguen queriendo hacer ese proyecto y ese taller. Además cuesta arrancarles de la clase”. Sin embargo, lo más gratificante es ver la cara de esos niños cuando entran sus padres en las aulas y les enseñan, muy orgullosos, lo que han hecho. Y también es significativa la cara de esos padres, impactantes ante las cosas que sus pequeños ha sido capaces de hacer, como afirma García, niños de los que podría salir un futuro Bill Gates.

Anécdota

Los niños hacen “verdaderas maravillas” con la tecnología, pues han crecido en la era tecnológica. Es tanto que los monitores, aunque “ya están curados de espanto”, se siguen sorprendiendo con las cosas que hacen. Como explica Antolín García, hablar del próximo Steve Jobs es ponerlo “un poco alto, pero de aquí va a salir algún chaval que ya tiene pensado montar una empresa de robótica”. Nos ha contado que en campamentos anteriores, un niño de 7 años diseñó un videojuego para el móvil que ya ha vendido a sus amigos y monitores. Cuenta Antolín que hizo este trabajo investigando en sus proyectos libres y “le buscó rápidamente la salida empresarial”.

Otro de ellos fue su hijo de 14 años, que no sabe si es “porque lo lleva ya en la sangre” o porque el campamento le ayudó, pero ya está pensando en  robotizar su casa, es decir, “poder encender y apagar las luces desde su móvil, poner cafés, etc. y lo ve muy normal”. Su padre nos cuenta que, con apenas 13 años, “ya estaba haciendo programación con un editor profesional de java. Que un chaval de 13 años esté haciendo programas con un editor profesional quiere decir que si empiezan pronto pueden desarrollar un potencial sorprendente”, además que “tienen una visión del emprendimiento asociada a la tecnología que muchos otros no la tienen”. ¿Qué consiguen esto? Que “van a tener ventaja respecto a la gente que se limita a hacer lo que le diga algún superior”, algo que les ayudará a ser “pequeños o grandes empresarios” del mundo de la tecnología.

Proyectos 2015

En esta edición, Diario Financiero ha podido hablar con Daniel Lomas, de 6 años, que diseñó una portería cuyo portero se mueve de un lado a otro intentando parar los goles que el joven intenta marcar con una pelota de papel. Este movimiento lo consigue programando este muñeco y conectándolo al ordenador con un cable USB. Desde la pantalla del ordenador, Daniel pulsa el botón de play y comienza el juego.

Otro es A.P, de 8 años, que asiste a clases de programación de minecraft para “hacer servidores (tipo Windows), editarlos y recrearlo”. Es tanto lo que aprenden que este joven se siente orgulloso al decir que está “creando un servidor” en sus proyectos libres, al igual que cuando dice que de mayor quiere ser programador. Afirma que no sabe si volverá más veces, pero anima a todos los niños y niñas a asistir a este campamento, de donde podrían salir, como dice Antolín, los futuro “Mozart de la tecnología”.