Opinión

Mundos de Yupi: Hacienda y lotería

Tenía mis esperanzas puestas en que el Gordo cayera en uno de los edificios de oficinas de la Agencia Tributaria. Eso de ver a Hacienda aplicándose a sí misma el asalto legal pero ilegítimo de la doble imposición a los premios es alto tan digno de ver como la obligación legal que tendría un policía de autodetenerse si se hiciera un ‘selfie’ estando de servicio, ya que la Ley Mordaza prohíbe fotografiar a los uniformados.

Pero nones. Me quedo con las ganas. El guión se ha cumplido y el Sorteo Extraordinario de la Navidad vuelve a caer en manos de los parias del capitalismo de amiguetes, cientos de asalariados que conocen las reglas del juego como nadie: o tragas, o calle. Y decenas de autónomos que conocen también las reglas: primero pagas, luego pagas y por último, por si acaso, pagas también. Todo para alimentar a la Corona, a la Hacienda Pública, que engorda y engorda a nuestra costa, y es capaz entre otros muchos delitos de sangre de devolver listas de espera que ejecutan en homicidio político a pacientes de Hepatitis C, cuyo única culpa fue no pegar un manotazo encima de la mesa para que a algunos pagados de sí mismos les temblara el suelo bajo los pies.

Sí. Ya sé que la crónica de hoy es la de los Mundos de Yupi de la felicidad lotera. Y las coñas marineras con el dichoso café de 21 euros del bar de Antonio. Pero no me toquen las palmas. Que me conozco.