Ni patriota ni egoista

Habrá quien se alegre de que perdamos extranjeros a chorro, que de todo tiene que haber. Pero me van a permitir que le pegue un par de tirones de orejas a quien tenga esa idea. El primer tirón se lo voy a dar por falta de patriotismo, y el segundo por falta de egoísmo, fíjense qué cosas les digo.

El del patriotismo. Ahí va. A ver, alma cándida, adolfito en ciernes. La gente no se va de un país por afición o por deporte, sino por necesidad, económica o de otra índole. No sé tú, pero a mí se me hincha el pecho de orgullo de pensar que mi país sea el destino elegido por quienes huyen de la miseria o de la persecución política. Por lo mismo, si quienes vinieron han decidido que esto no da para más, o que para estar así es mejor lo suyo de origen, entonces es que tenemos el país hecho un erial. Y eso no me enorgullece. Ni como sociedad, ni como patriota. Es una España que me asquea.

El otro tirón de orejas, el del egoísmo. A ver, xenófobo de mis amores, tú que tanto te has hinchado a vincular inmigración con delincuencia y mafias. ¿Te vas a dar cuenta, de una vez, de que las mafias existieron antes de la inmigración a gran escala, han seguido existiendo durante y van a seguir después? Fíjate en quiénes sí o sí quedan aquí, y por suerte seguirán siendo una gota de agua en un océano de ciudadanos honestos: se quedan, fijo, los que tienen su imperio montado sobre la sangre y la extorsión, a los que protegemos porque son los señoritos del crimen; y también, seguro, quienes no tienen plata ni para marcharse. Vamos, lo mejor de cada casa. Y yo, de forma egoísta, prefiero a los que se van. No sé tú.

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