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Bien sea por las relaciones comerciales que hayamos emprendido, o por los préstamos que hayamos solicitado a una entidad financiera. La diferencia con la quiebra es que todavía hay oportunidad de hacer frente a los pagos gracias a los activos que poseemos. La forma de solucionar esta solución varía según los países… En el caso de España se recurre al concurso de acreedores, en donde hay dos posibilidades: la liquidación de activos, que sería la forma más drástica, y cuyo objetivo es intentar que la sociedad pueda seguir funcionando para que al final los acreedores cobren su deuda… Y la segunda posibilidad es llegar a acuerdos con acreedores, de forma que aplacen la deuda o renuncien (la llamada quita) a una parte de lo que se les debe.