Se lo dije, lo de Blesa

Les decía por esta boca pecadora, el 6 de junio pasado, que me preguntaba si se le había pasado por la cabeza al juez Elpido José Silva lo mismo que el e-mail que le había servido para condenar al ex jefazo de Bankia: que él mismo se estuviera equivocando. A la vista está que sí, o que le han dicho que sí, o que nos han dicho que le han dicho que sí. Que para el caso, es lo mismo. Esto es, que el culebrón termina como la mayoría de españoles han dicho en sus casas y en los bares: a este le sueltan en cuanto que se despiste el juez. Pues niquelado.

Días antes, el 17 de mayo, les había dicho además esta otra cosa. Y les refresco la memoria. Ya verán: “no es el triunfo de los desheredados ni el ocaso de los tiburones que han arruinado parte del país. Quedan otros, los más difíciles, los intocables, los aforados, los que pusieron en el cargo, los que nombraron a sabiendas, callaron a sabiendas, miraron para otro lado, jugaron a no ver, no oír, no decir, no saber. Los que han hecho más méritos por las penas de prisión, y quieren seguir de rositas toda su vida”. Fin de la cita. Me valía entonces, y me sigue valiendo ahora.

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