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25 años no es nada

Desde un punto de vista económico -y si incurrimos en el voluntarismo de detener nuestro análisis en 2007-2008, en el inicio de la gravísima crisis financiera que aún perdura- es indiscutible que el balance de la pertenencia de España a la Unión Europea es muy positivo, más allá de la mera aportación europea mediante los fondos estructurales, de cohesión y mecanismos afines: si nuestra renta per cápita se ha más que triplicado, rozando la media europea, y nuestro PIB se ha cuadruplicado, han descendido significativamente tanto el índice de precios como las tasas de interés o el porcentaje del déficit presupuestario y de la deuda pública en relación con el PIB.

Resulta también muy interesante realizar un balance no económico sino sociológico, analizando los profundos cambios habidos en la sociedad y en la opinión pública. Siguiendo ahora al profesor Díez Nicolás, resulta palmario que la citada crisis está afectando negativamente a la valoración y a las expectativas de los ciudadanos españoles en relación con las instituciones europeas. No obstante, siguen siendo relativamente altas las valoraciones, principalmente la de si ha beneficiado a España su pertenencia a la Unión Europea. Sin embargo, la satisfacción con la misma está muy ligeramente por encima del “aprobado”, al igual que el apoyo a un ejército europeo, mientras que la idea de una política fiscal común o la de un verdadero gobierno europeo han quedado en las últimas encuestas por debajo del mismo.

Podría resultar desalentador -si bien parece ser una tendencia universal identificarse principalmente con el lugar de residencia- que sólo se sienta europeo menos de un 5% de los españoles. Este porcentaje aumentará sin ninguna duda una vez que Europa demuestre su talla política para superar la crisis mediante más Unión, una Unión Europea de verdad, una Unión en la que converjan paulatinamente las políticas económicas y fiscales.

Robert Schuman meditó largamente antes de afirmar a mitad del pasado siglo que la creación de la CECA era, efectivamente, un salto en el vacío. La entrada de España en Europa no lo ha sido.

Enrique Boto, ingeniero de telecomunicación, es consultor y ejecutivo de empresa