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"Las entidades no dejan claros los riesgos de las participaciones preferentes"

Ahora son numerosas las entidades que están canjeando estos productos por convertibles, o incluso, por acciones. Luis Aramburu explica que las participaciones preferentes cobraron popularidad allá por 2006, lanzadas por los bancos en un intento de reforzar con ello sus recursos propios. Según el experto, su característica principal es que tienen un carácter vitalicio, “a los cinco años de la emisión, la entidad puede amortizarlas si le interesa”. Esto implica, en palabras de Aramburu, que si el usuario necesita liquidez en algún momento, tiene que acudir al mercado a vender esa participación. He ahí uno de los problemas que acarrea.

Y es que el economista compara esta situación con la que se observa en un mercado de frutas o de pescado, por citar algunos ejemplos: “cuando hay una demanda grande y una oferta estable, el precio tiende a subir. Cuando la oferta es grande y la demanda estable, el precio baja”. ¿Qué implicación tiene esto? Luis Aramburu continúa explicando que, cuando se lanzaron al mercado estas participaciones preferentes, los depósitos a plazo ofrecían una rentabilidad inferior al Euribor, mientras que las participaciones otorgaban un cupón mayor que este indicador. Un factor que, sin duda, atrajo a muchos inversores en su momento. Ahora bien, a raíz de la crisis propiciada por la caída de Lehmann Brothers en 2008 y los consecuentes problemas de liquidez de las entidades, los depósitos comenzaron a pagar un interés mayor a los inversores, echando por tierra el atractivo de las participaciones preferentes. 

Otra de las características a tener en cuenta, prosigue Aramburu, es que las participaciones preferentes ofrecen una rentabilidad “no garantizada”, esto es, la entidad solo paga cupón siempre y cuando acumule beneficios distribuibles suficientes. “Si hay un año que no lo tiene, ese ejercicio el cupón no se cobra y se pierde, no se puede acumular para otro año”.  Por último, es importante que el inversor sepa que, en caso de que la entidad entre en concurso de acreedores, las participaciones preferentes son "prácticamente las últimas que se cobran, solo por delante de los accionistas".

Con todas características sobre la mesa, Aramburu solo recomienda las participaciones preferentes para inversores muy dispuestos y preparados para la asunción de riesgos. Por ello considera esencial que las entidades emisoras expliquen estas circunstancias a sus clientes con el fin de evitar polémicas.