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"Latinoamérica, al contrario que Europa, sí ha aprendido de crisis pasadas"

Tras esa experiencia negativa, y al darse cuenta de que la delicada situación de su déficit público, los países sudamericanos redujeron el papel del Estado en la economía, equilibraron sus presupuestos y se especializaron en aquello en lo que podían ser más competitivos, principalmente, las materias primas. Un nuevo rumbo, que unido a la privatización de gran parte del sector público y a una política monetaria más ortodoxa, ha conseguido para estas naciones un marco de equilibrio fiscal y superávit en sus balanzas comerciales.

Los principales motores de la economía mundial, Estados Unidos y la Unión Europea, viven en este momento una situación muy delicada en materia financiera. Según Rafael Pampillón, esa incertidumbre no puede hacer más que afectar negativamente al resto del mundo. Sin embargo, el economista destaca que los países de América Latina realizan gran parte de su actividad económica entre ellos o con los países asiáticos. No en vano, los integrantes de esta región están cosechando un comportamiento mucho más halagüeño que los países más desarrollados del planeta, con crecimientos especialmente notables en Argentina (9%), Chile (7%) o incluso Brasil (3%).

Pampillón señala que la región está aprovechando el potencial de la política fiscal como herramienta para aumentar el desarrollo. Sin embargo, el experto del IE señala que a estos países aún les queda todavía mucho recorrido por hacer en materia social. El desequilibrio en la distribución de la riqueza sigue siendo bastante palpable, a pesar de que sí se han reducido notablemente el nivel de pobreza de sus ciudadanos. Según Pampillón, es de vital importancia para los países de la región latinoamericana conseguir que toda la población tenga acceso a la educación secundaria. Ese avance social tendría, en sus propias palabras, una repercusión directa en la distribución de la renta y se traduciría en una mejora de la competitividad y el capital humando, que a su vez permitiría a estos países reconducir su modelo económico hacia una dirección no tan centrada en las materias primas. Para ello, subraya Pampillón, es necesaria una lucha más decidida contra la corrupción y la evasión fiscal en estas economías. De ahí, apostilla el experto, “se obtendrían los ingresos necesarios para aumentar el gasto social”.