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Amor más allá del Alzheimer

Victorina y Juan Manuel son felices. Ni el paso de los años, ni la huella de tiempos difíciles, ni tan siquiera el Alzheimer han aminorado un ápice del cariño que siente esta pareja. Ambos de 76 años, juntos desde siempre, porque a la edad de 17 confirmaron su noviazgo pero ya se gustaban de mucho antes, se enfrentan desde el 2008 a esta demencia.

Esta pareja se ha convertido en todo un símbolo en el centro de día para mayores de Vitalia Avda. de la Ilustración de la red del Grupo Vitalia. La directora, Elena Ortega, y su equipo están volcados en aportar la máxima calidad de vida a Victorina a través de las terapias en las que se aplica el Método Hoffmann. Y, pese al avance del Alzheimer, contra el que es difícil luchar, el equipo multidisciplinar ha conseguido que Victorina sea feliz.

Imposible hubiera sido esta labor sociosanitaria en Vitalia Avda. Ilustración sin el apoyo incondicional de Juan Manuel. Cada mañana, a sus 76 años, este hombre asea, viste y prepara a su esposa para llevarla a Vitalia Avda. Ilustración. Conviven con su hijo menor, todavía en casa, y están tan orgullosos de sus dos hijos como de los dos nietos de 17 y 10 años. Victorina olvida nombres, incluso imágenes, pero no el cariño. Sonríe en cuanto ve a su marido y su rostro se invade de paz y tranquilidad.

La pareja se conoció en el pequeño municipio de Avellaneda (Ávila), donde compartían juegos desde los dos años. A los 17 años formalizaron la relación, pero antes de la boda tuvieron que estar separados porque Juan, como tanto castellano de aquella época, se trasladó a Barcelona para trabajar en una fábrica de cemento.
Las cartas de amor entre ambos jóvenes, a pesar de la distancia, ayudaron a mantener vivo el amor. Por fin, en 1964, Juan pudo trasladarse a Madrid a trabajar en la Empresa Municipal de Transportes, ahorrar un poquito para la nueva vida en común y poder casarse.

Dos trabajos compaginaba Juan para sacar adelante a su mujer y sus dos hijos, mientras Victorina se volcaba como madre y ama de casa, conseguía que el sueldo llegara siempre para un poco más. También cuidó de personas mayores.

La directora de Vitalia Avda. Ilustración reconoce que a Juan se le ilumina la cara cuando habla de Victorina. Según explica Elena Ortega, “lo hace con tanta admiración y respeto, con tanta ternura, que nos emociona”.
Victorina no se acuerda ya del nombre de su marido, pero Elena Ortega está segura que “notas en ella que al mirar a Juan es alguien a quien quiere y conoce, y cada mañana, cuando se despiden para que pueda iniciar sus terapias en Vitalia y evitar en lo posible el deterioro de la enfermedad de Alzheimer, se dan un afectuoso beso”.
Cada tarde, cuando Juan recoge a Victorina en Vitalia Avda. de la Ilustración, ella recorre sonriendo el pasillo de acceso a las salas multifuncionales y aunque no puede expresar lo que siente, su cara lo refleja todo.