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Lhardy desde 1839

Allá por 1847 Alfonso XII acudió varias veces de incógnito, coincidiendo en los salones Lhardy con amigos y personajes de la vida madrileña. También lo hizo la propia Reina Isabel II, que se escapaba de palacio para ir a cenar con sus damas de servicio. Siendo así famosa La frase "he visto al Rey, entraba en Lhardy" o, como se hizo popular, el saludo de Frascuelo, el torero calé, al ver al Rey entrar en el restaurante: "¡Olé por el Rey gitano!"

El Parador Nacional de Gredos, fue el primero de gruesa Red de Paradores Nacionales españoles que le seguiría. Lo inauguró Lhardy quién además “prestó” durante dos años a cocineros y camareros de la Casa para inculcar una hostelería prestigiosa e iniciar su buena reputación.

El precio fijo o las mesas separadas han sido normas incorporadas por el propio Emilio Lhardy al comercio hostelero de la primera mitad del siglo XIX, cuando sólo cincuenta años antes había comenzado el fenómeno social de los restaurantes. En 1885 se incorpora el teléfono en Lhardy, cuando en Madrid sólo había 49 abonados, comenzando con el hábito de reservar mesa y el encargo a domicilio. Algo también muy curioso es que con este aparato en el restaurante comenzaron las primeras bromas telefónicas.

Lhardy fue el primer establecimiento hostelero madrileño al que se permitió que las señoras pudieran ir solas, un gran paso en pro de la liberación que tanto ansiaban las mujeres españolas. Su salón Japonés era el rincón preferido del General Primo de Rivera, en el que se reunía con ministros y personalidades de la dictadura. Un lugar que guarda en sus paredes tejemanejes y conspiraciones de los altos cargos. También ahí Niceto Alcalá Zamora sería elegido como presidente de la República.

Apareció en el estribillo de un cantábile de la zarzuela-bufa “Tortilla al ron” que el público debía repetir, un hecho que le granjeó la popularidad en el pueblo. También apareció en numerosas ocasiones, gracias a la amistad entre el autor y Agustín Lhardy, en la sección diaria “Plato del día” que el periodista Mariano de Cavia escribía en “El liberal”, siendo este de los primeros en realizar la crítica gastronómica que hoy conocemos. Otros autores como Galdós, Azorín o Gómez de la Serna citaban en sus obras la fina y cuidada ornamentación del restaurante. Inevitablemente a mediados del siglo XIX todo Madrid reconocía en Lhardy el lugar del lujo.

Por el restaurante pasaron personajes tan conocidos como la exótica bailarina Mata-Hari, la seductora cupletista Consuelo Bello conocida como la Fornarina, el popular torero Manuel Rodríguez "Manolete", escritores como Baroja o Azorín. A partir de los años 50 proliferan las tertulias en torno a eminencias de distintos campos del conocimiento como Enrique Chicote (alrededor del arte escénico), José María Sacristán (humanística), Jiménez Quesada, doctores como Marañón y Pozuelo, Rafael Ansón o la mismísima Reina Sofía entre otros.

Muchas decisiones importantes se tomaron en sus salones, como la de fundar la Sociedad Filarmónica Madrileña o los estudios cinematográficos CEA (Cinematografía Española y Americana), muchas decisiones conocidas…pero aún más secretas. Un restaurante centenario, muestra del lujo de Madrid, que ha visto y guarda en su silencio un trocito de la historia y la evolución de España.