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Sara Montiel, Antonia… ¡Lo mismo da!

Manchega, Sara, de familia humilde ha visto ya morir a sus padres y a sus hermanos. A los 85 años, los hilos de las Parcas han venido de visita a su casa del Barrio de Salamanca. ¡Qué le vamos a hacer! Barrio por el cual salía de compras. Recuerdo que una vez coincidimos en una zapatería de la calle Goya, no hablamos aunque sí que elegimos las mismas zapatillas. ¡No tiene importancia, pero la anécdota en sí misma es cómica! 

Para mi Sara Montiel, no es solo una diva, sino también el reflejo de mi infancia. Mi abuela mientras planchaba, mientras veía Cine de Barrio con las imágenes de Saritísima cantando Carmen la de Ronda entonando con sensualidad “El día que nací yo”. ¡Ay el día que nació ella, nació una estrella al nivel de Rita Hayworth! Así fue tratada en Hollywood, que lo de ir a hacer las Américas nos es solo cosa de Patakys, Cruces o Vegas. ¡No se hagan líos!

Mujer de amores (muchos), de curvas rotundas que hacía perder el sentido cuando miraba, lo mismo daba que el régimen de Franco la tuviese como Marca España, lo mismo daba… Indalecio Prieto, político socialista durante la II República Española fue uno de sus amores, breve, pero amor al fin y al cabo. El amor y el sexo no saben de ideologías.

No era una folclórica, nunca lo fue, sino una cautivadora de las cámaras de mirada sensual. ¡Y quien diga lo contrario! Es que no es de este mundo, la menos del mío ¿Alguien podía negar su atractivo? Tratada como una grande de España y pagada, como las mejores de los largometrajes de la industria estadounidense. Con “El último cuplé” fue la más taquillera del mundo. Voz sensual y seductora como la Rocío Jurado y dando en las narices de la “resabida” Concha Piquer que imponía la dictadura de las voces tipo soprano. Los que somos de Lola Flores, de la Jurado o de Saritísima… no somos de la Piquer.

Esta tarde, muchos de tu fans, nos fumaremos un puro a tu salud. A la salud de la hembra, de la sensualidad y de la belleza mientras hacemos caer los ojos, intentando emular tu coquetería Sara, Antonia… ¡Lo mismo da!