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Una vez al año no hace daño

Avalanchas de personas con ganas de ver su serie favorita por primera vez en un cine no dejan butaca vacía. No es un secreto que las series americanas estén ganando terreno y minutos en parrilla. Toca dividir ahora el tiempo entre las grandes películas de grandes presupuestos y las series americanas.

El dinero no es problema si hablamos de series. Nombres como Steven Spielberg o Martin Scorsese nos están dejando bien claro que las series llevan mucho tiempo siendo pequeñas piezas de arte y de coleccionismo. Los productores ejecutivos se han puesto las pilas para lograr material merecedor de Globos de Oro, Emmys y otros muchos premios  que últimamente acaparan la atención más de lo previsto.

¿Qué busca la gente? ¿Porqué nos enganchamos a las series? No tengo la fórmula, pero lo que está claro es que cada vez más gente se acostumbra a seguir los pasos de un personaje más allá de 2 horas de metraje, como pasa en las películas. Esas ganas de llegar al día siguiente y “comentar la jugada” con tu amigo, con tu compañero, incluso con tu jefe, que sabes que ve la misma serie que tú, es más habitual de lo que creemos. Eso ha pasado y sigue pasando. He visto a jóvenes cambiarse de vagón en el metro porque un grupo comentaba el final de “Lost”. Justificable del todo, yo me hubiera cambiado hasta de Linea.

Esta tarde podremos ver la presentación en el Festival de la segunda temporada de “Juego de Tronos”, una serie que ha cosechado gran éxito en el panorama internacional. Este es un claro ejemplo de como poner toda la carne en el asador. La HBO, la cadena con mejores series del momento en mi opinión, desplegó su magia en este caso. La primera temporada supuso una producción de más de 60 millones de dólares. Casi nada.

¿Dinero o talento? Un ejemplo: el episodio piloto de “Terra Nova”, lo nuevo de Spielberg, ha costado 15 millones de dólares en producción. ¿Dónde se ha ido ese dinero? Todavía no lo se, pero si añadimos que el resto de episodios ronda los 3 o 4 millones de dólares, podemos pensar que una temporada cuesta lo mismo que una película modesta de Hollywood. Hay series que apuestan directamente por el dinero, pero claro si ahora nos vamos de la mano de “Dos hombres y medio”, con el reciente despido del protagonista Charlie Shenn, nos cuesta pensar que este actor cobraba 2 millones de dólares por capítulo. ¡Por capítulo! Un presupuesto desorbitado teniendo en cuenta que la duración media es de 20 minutos. Nada de esto es comparable al episodio piloto de “Boardwalk Empire” con 50 millones de dólares. Pero claro el responsable es Martin Scorsese.

La crítica se divide claramente: ¿despilfarro o inversión? Una buena serie puede merecerse un presupuesto de altura. Puede que 50 millones solo por un piloto sea una exageración en papel, pero si visionamos y disfrutamos ese piloto nos damos cuenta que estamos ante una película, no una serie. Y es que la calidad que se está dando a las series americanas roza el nivel de un film. El espectador lo agradece y lo consume, la cadena lo sabe y saca provecho y la productora se dedica a hacer calidad a sabiendas de que la cartera se llenará.

Las películas en el cine y las series en casa, esa es la división que yo propongo. Pero hoy no. Hoy las series toman la gran pantalla. Nos vemos ahí.