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Cristales de masa

Intentado analizar la situación desde ese punto de vista, el campamento de Sol podría ser considerado el inicio de una masa de inversión. En las masas de inversión, colectivos que hasta ese momento se consideraban indefensos ante las clases superiores, se unen pues piensan que “juntos pueden volverse contra aquellos que hasta ahora les han dado las órdenes”. Para Canetti, “la masa de inversión es un proceso que ataca a toda una sociedad y, si bien quizá tenga éxito inmediato al comienzo, solo llega al final lenta y dificultosamente”. En principio, la masa de inversión no tiene por qué ser necesariamente una masa violenta, puede ser una masa pacífica (de hecho así ha sido en la acampada de Sol), pero también es cierto que constituyen el caldo de cultivo para puedan surgir mutas o masas de acoso. La toma de la Bastilla es el ejemplo más radical de masa de inversión, pero también lo fueron las pacíficas concentraciones de protesta pidiendo alimentos en el San Petersburgo zarista de 1905, tan cruelmente reprimidas.

Las masas de acoso se constituyen teniendo como finalidad la consecución de un objetivo con toda rapidez. En su dimensión más radical, la masa de acoso pretende la muerte de su víctima pero de momento, en nuestros civilizados tiempos, el acoso puede limitarse a ejercer una coacción. Así, por ejemplo, impedir la entrada de los representantes electos en los Parlamentos autonómicos o en los Ayuntamientos, acosar a un Alcalde en su propio domicilio, impedir que se ejecute un embargo, etc. La víctima es la meta. Para Canetti, un elemento esencial para que la masa de acoso germine es la ausencia de peligro, la superioridad de la masa debe ser total. La ausencia de autoridad, o la complacencia de ésta, es vital para que surjan las masas de acoso. “La finalidad de una masa de acoso debe ser una empresa fácil y se desarrolla con facilidad”. Una vez conseguido el objetivo, la masa se disgregará rápidamente.

Pero las masas, por su propia naturaleza, no pueden mantenerse con la misma consistencia a lo largo de periodos prolongados de tiempo. Lo hemos visto en el campamento de Sol donde la propia coherencia del movimiento se resquebrajo por la extensión de su permanencia amenazando incluso con su desintegración. El levantamiento del campamento y su conversión en Asambleas de Barrios nos recuerda a lo que Canetti denomina “cristales de masa”, es decir “pequeños y rígidos grupos de hombres, fijamente limitados y de gran constancia, que sirven para desencadenar masas”, en los cuales, su unidad es más importante que su tamaño. Ellos se reparten las distintas funciones necesarias para que la masa pueda volver a resurgir cuando sea necesario y se den las condiciones para que vuelva a actuar. Mientras que la masa cuando surge posee un sentimiento más espontáneo de si misma, los cristales de masa están perfectamente articulados y responden a instrucciones o a repartos de tareas previamente acordados.

Cabe arriesgarse a concluir, a la vista de los acontecimientos recientes, que el levantamiento del campamento de la Puerta del Sol no solo no ha constituido el final del Movimiento 15-M, sino que puede ser que solo ha sido el inicio. Surge la pregunta ¿Ha sido una coincidencia espontánea o detrás del fenómeno hay elementos planificadores plenamente conocedores no solo de las herramientas informáticas a través de las que se están canalizando las convocatorias si no también de la ingeniería social y de cómo utilizar a las masas con fines políticos?.

Sin pretender entrar en teorías conspiratorias, no debe olvidarse que, por una parte, las sociedades abiertas como la nuestra tienen numerosos enemigos que no deben ser menospreciados, y de otra, que la utilización de la agitación demagógica de las masas como medio de acción política eficaz es tan vieja, al menos, como la Roma republicana de los tiempos de Graco. Habrán cambiado las formas de transmitir el mensaje y de inflamar la llama, pero cabe presumir que los métodos (socavar el orden establecido), y los fines (conseguir o retener el poder) siguen siendo los mismos.

 

José Mª Pérez Gómez – Abogado y editor del blog “Reflexiones de un hombre corriente”