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Impuestos absurdos: Impuesto de patrimonio

Pongamos el ejemplo del ciudadano que, madrugando todos los días (no robando, no especulando, no aceptando regalo alguno), obtiene un salario mensual, sobre el cual se practica un gravamen en concepto de obtención de renta, el consabido IRPF. Además, paga religiosamente sus contribuciones a la seguridad social, aunque éste concepto lo excluiremos, por razones de finalidad, de nuestro cómputo. Este salario es invertido, entre otras cosas, en el pago de una hipoteca de una vivienda, vivienda por la que pagó un impuesto en el momento de su adquisición, el IVA (o el de transmisiones patrimoniales si era de segunda mano, pues ahora mismo no recuerdo si era obra nueva). También tuvo que pagar los gastos de actos jurídicos documentados (aproximadamente el 1% del valor de la vivienda) y la minuta del notario que, si bien no entra en la categoría de impuestos, me parece especialmente sangrante y lo comentaremos en artículos venideros. Además, cada año, este buen hombre paga el impuesto de bienes inmuebles correspondiente, un porcentaje del valor de la vivienda. Si nos paramos a pensar un minuto, la renta que inicialmente percibe el héroe de nuestra historia es gravada 3 veces y, tras la recuperación del impuesto sobre patrimonio, serán 4 veces pues, de nuevo tras un año y pocos meses de su desaparición, este hombre tendrá que volver a pasar por caja por la obtención de su salario (o la inversión del mismo).

Creo firmemente en el concepto de que el que más tiene, más contribuya, pero no sé si estaréis de acuerdo conmigo en que una cosa es ayudar al estado, sobre todo con la que está cayendo, y otra estar en la piel de este sujeto. ¿Otras maneras de hacerlo? Se me ocurre subir ese límite en el que han tasado a los ricos de este país, ¿a vosotros?