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Historia de un desastre colegial

 

“Asefa Estudiantes ya no es equipo ACB”. Esta frase parecería broma hace unos años, pero hoy es la cruda realidad. Los colegiales ya no forman parte de la máxima categoría del baloncesto español. La ACB pierde una de las esencias históricas de la liga, una fabrica incansable de talentos de gran altura, un equipo de colegio que creció hasta tocar el aro sin inmutarse, una afición que anima sin la necesidad de victorias, en fin…pierde a Estudiantes. Pero no es un adiós sin retorno, es un hasta pronto. Los azulones han comprado un billete de ida y vuelta, un regreso que se producirá en el menor tiempo posible, porque es un equipo de raza y de historia, un equipo humilde que no olvida sus orígenes, orígenes que le guiarán en su vuelta a la élite nacional.

 

Cada demente no quería imaginar nunca que este momento iba a llegar, pero bien es cierto que se veía cada vez más cerca. Los de Magariños ya no luchaban por play-off, ni siquiera por entrar en la Copa del Rey -que solo precisa media temporada buena-. Ahora, Estudiantes luchaba por objetivos distintos, mucho más terrenales, destinados normalmente a equipos con menos historia, con menos cantera, y por supuesto, con menos afición. Y cuando compras papeletas para el descenso año tras año, al final te acaba tocando. Esta temporada, el conjunto colegial había comprado excesivos boletos, y cuando se aproximaba el sorteo ya no había formar de revenderlos, por mucho que tanto jugadores como afición se esforzaran en hacerlo.

 

De esta forma cae, por primera vez en su historia, el equipo fundado por Antonio Magariños, jefe de Estudios del antiguo Ramiro de Maeztu. Y se lleva a LEB un importante patrimonio, tanto deportivo como inmaterial. Ha conseguido durante esta andadura en ACB: 3 títulos de Copa del Rey y cuatro subcampeonatos de liga. Además, deja un legado inigualable de jugadores y entrenadores como Fernando Martín, Carlos Jiménez, Felipe Reyes, Juan Antonio Orenga, Pepu Hernández o Aíto García Reneses. Pero sin duda, lo más importante es la legión de dementes, seguidores que no han elegido el camino fácil del ganador, y que le acompañarán allí donde vaya, aunque la próxima parada sea la división de plata. Estu, ¡Vuelve pronto!