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Mínima apuesta, máximo beneficio

Hay partidos de la selección española que se ven venir desde un principio. Y este era uno de ellos. Los hombres de Vicente del Bosque dominaron el encuentro, pero no encontraron la profundidad necesaria para crear peligro a los ingleses, salvo en los últimos compases de la segunda parte.

Desde el inicio se vio cuál iba a ser la actitud de ambos conjuntos. La Roja dominaba la posesión, mientras que los ingleses, bien cerrados atrás y con contundencia, querrían aprovechar las contras o las jugadas a balón parado.

Sin casi peligros para ninguno de los dos bandos, acabó una primera parte algo insulsa en la que lo más destacado fue la titularidad de Iker Casillas que cumplía su partido 126 como internacional e igualaba a Andoni Zubizarreta. Y tras pocos minutos de la segunda mitad la apuesta mínima de los ingleses dio sus frutos.

Una falta lejana, botada desde el lateral la remató el corpulento Darrent Bent al palo, con la mala suerte de que el rechace le quedó franco a Frank Lampard para introducir el balón en la red. A partir de ese momento los ingleses se encerraron más aún atrás y los de Vicente del Bosque buscaron con ahínco el empate.

Lo pudieron conseguir en varias ocasiones, un disparo de Villa desviado, otro del guaje al palo, un remate de Cesc a las manos del cancerbero inglés, y la más clara de todas, un disparo del propio Cesc Fábregas tras un buen pase de Villa que se marchó rozando el palo, cuando lo más fácil era hacer gol.

En definitiva, una victoria muy a lo Fabio Capello. Un gol en jugada a balón parado y a guardar la ropa. Pero no nos quitemos culpa. A los nuestros les faltó profundidad y agresividad, y son ya muchos los rivales que conocen cómo jugar a nuestra selección y no les duelen prendas en encerrarse atrás y aprovechar el poco juego ofensivo que generen. Una apuesta mínima, con un beneficio máximo.