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¿Se acuerdan de CCM? ¿Y de Larrañaga?

Si a alguno de ustedes les dijera que quien les habla se ha pasado casi cuatro años de su vida en la ciudad de las navajas, la New York de la Mancha, Harvard City o la Capital del Llano, esto es, Albacete, seguramente le importaría un pito, hablando mal y pronto. Pero si les digo que como periodista ejerciente en aquella tierra fui uno de los miles de testigos más o menos directos del saqueo y posterior hundimiento de Caja Castilla-La Mancha, puede que el cuento cambie.

Salvando las envergaduras, fíjense qué analogías. Entonces se declaró un beneficio contable de unos cientos de millones, que se convirtió en pérdidas de casi mil a los pocos días de la intervención. Y la entidad “afloró” los tóxicos inmobiliarios de varios millardos empeñados, entre otros, en megalomanías como el Aeropuerto de Ciudad Real. Perdón, en préstamos a amiguetes de quienes cortaban el bacalao en la Junta de Comunidades.

 

¿Recuerdan a Carlos Larrañaga en la serie de Antonio Mercero, Farmacia de Guardia? Siempre andaba buscando convencer a un tonto a las tres que le prestara unos billetes para un negocio infalible. Pues no era picaresca, no: era cierto. Y los Carlos Larrañaga de este país llevan varios años echándonos el anzuelo, y nosotros eligiendo a unos políticos que pican en él. Una y otra vez. Contumaces. Inasequibles al desaliento, como el generalito de El Pardo.