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Cual adolescente hormonado

 

Hay momentos en que entiendo como nunca a mis amigos auténticamente liberales. Que son pocos, como son pocos los liberales de verdad que da esta tierra, gentes sin cortapisas mentales que anteponen la libertad de acción a ningún otro bien. Verbigracia: cuando la nueva secretaria de Estado para la Innovación, Carmen Vela, larga por esa boquita tan suya que en España sobran investigadores. Y que recortar en I+D es garantía de crecimiento.

Semejantes credenciales son para retirarle el saludo, incluso el de cortesía. Pero máxime cuando forma parte de un Gobierno que vive “al mercado rogando y con el intervencionismo dando”. Una de las pocas normas sacrosantas del liberalismo es que el mercado tiene una casi infinita capacidad de regularse a sí mismo. Por tanto, nadie sobra. O al menos no es necesario airearlo públicamente. Laissez faire, laissez passer, creo recordar que era la idea.

 

Sin embargo, este Gobierno parece decidido a todo lo contrario: al bloqueo, a la regulación, a meter mano cual adolescente hormonado. Sería una opción a considerar si la meta fuera incentivar el libre cambio de servicios y productos, pero va a ser que tiene un tufillo nada constructivo de todo lo contrario. Este intervencionismo huele a excusas rancias de la propaganda de hace 30 años, y lo que más asusta es que siguen sin contarnos para qué.