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Alemania: más Esparta, menos Atenas

No creo que este alineamiento entre España y la locomotora europea sea fruto de que de pronto hayamos superado nuestra histórica vocación de desarrollismo económico y papanatismo político. Es más bien cosa de coincidencias de agenda. Pero ahí está la concordancia, para que las políticas de aquí, nos gusten o no nos gusten, no vengan cortocircuitadas desde Berlín. Estaremos sintonizados, que es una alegría porque tal como está el patio mejor andar a buenas que andar a tirones de pelo cual colegiales.

Por lo demás, el espectáculo electoral alemán me parece una de las mayores tristezas que quepa imaginar. Significa el triunfo de los minijobs, o de la esclavitud subvencionada. Significa el fin de una vez y para siempre del Estado del Bienestar, parte de cuyos principios fundacionales se establecieron, qué fatal coincidencia, en la República de Weimar. Significa el paso de Europa como proyecto a Europa como mercado sin memoria. Significa la desaparición de una alternativa política viable, antes llamada izquierda. Significa Merkel, dureza, sufrimiento, mucha Esparta y poca Atenas. Fariseísmo encumbrado, Aristóteles enterrado.