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Algoritmos

En los últimos años hemos asistido a la robotización de los mercados financieros; sin miedo puedo afirmar que han tomado el control y han modificado la estructura y funcionamiento de los mismos. Si Google y Amazon son capaces de rastrear nuestros correos y nuestros gustos hasta llegar a conocernos íntimamente, en los grandes mercados donde hay infinitos oferentes y demandantes pasa un poco lo mismo. Veamos.

El paso es algo completamente natural y orgánico teniendo en cuenta la naturaleza de los mercados. La homogeneidad de precios y la opacidad de los actores permite que se busquen y encuentren maneras de hacer beneficio apretando márgenes, buscando tendencias y aplicando la lógica matemática en combinación con la rapidez de los sistemas informáticos más sofisticados.
Máquinas pensando en milisegundos la manera de despiezar una orden de compra para afectar lo mínimo al precio, buscadores de tendencias que entran y salen del mercado mucho antes de que cualquier humano pueda advertir las señales, buscar diferencias entre mercados y posibilidades de arbitraje y, en la acera de enfrente, tiburones desenmascarando algoritmos y jugando en su contra para hacer caja. Juntando tenemos muchos actores, ganancias en competitividad y eficiencia, pingües beneficios y, claro, grandes cantidad de dinero destinados a financiar estos sistemas y las redes de comunicación de baja latencia que les dan soporte. Hoy en día nos encontramos con que los High Frequency Traders suponen un 70% del volumen de muchos mercados, sobre todo en EEUU y Europa.

La competitividad es, por definición, buena para los mercados, sano para los clientes y genera transparencia y confianza; nadie duda de que estas virtudes son necesarias hoy en día. No obstante, hay algo que me hace pensar y es que, aparte de que este tipo de operativa genere inmensa volatilidad y alimente precipicios en los mercados, llega un punto en el que desvirtúa las gráficas o lo que antaño decían, que era mucho acerca de la situación de un país, un mercado, una entidad. Se pierde el punto de referencia. Mi temor es más la duda de si se ha creado, hemos creado, un marco que se aleja tanto de la realidad que hemos perdido completamente la perspectiva. Sí,  efectivamente dentro del mercado unos algoritmos conocen bien a otros, se reconocen, juegan y se atacan pero desde fuera cada vez se pueden sacar menos conclusiones. Somos nosotros los que perdemos el tacto.

Este es un pensamiento que me asalta, una duda, una sensación… no es que lo tenga claro, pero es que se ha puesto el semáforo en verde y o paso, o estoy fuera del mercado.