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La amnistía fiscal del 'Kunfú'

Ya lo decía Bruce Lee en un anuncio de una reconocida firma. Bi guóta mai frén. Sé agua, amigo. Fluye. Algún miembro del gabinete Rajoy debe ser aficionado a las películas de artes marciales, y es respetable. También hay algún devoto al que nadie dice nada estos días por adorar a un trozo de madera subido a un carromato. Pues igual de digno es.

Bruce Lee y la Virgen de la Cofradía de turno, leyendas ambas, en el mismo plano al caso que nos ocupa.

Ese ministro o secretario de Estado aficionado al karate, al kunfú, o a lo que quiera que sea, ha tenido que ser por fuerza el artífice de la amnistía fiscal. La inspiración le vino en el afeitado diario. Abrió el grifo y pensó en su ídolo oriental. Bi guóta mai frén. ¡Tate!, se dijo. Para que fluya el dinero negro que tanta falta nos hace lo que hay que hacer es convertir el dinero en agua. Y llegó al Ministerio tan contento y tan ufano de su hazaña intelecutal, a comentarla, a airearla.

Después llamaron a Montoro, el tótem de Hacienda. Qué pasa, Cristóbal, qué te cuentas. Mira, a ver qué te parece. ¿Le echamos un par y le quitamos al dinero negro sus tres propiedades más conocidas?: el sabor a defraudador millonetis, el olor a sangre, mafia, armas y sexo infantil, y le pegamos un lavado para aclararlo. Así lo dejamos como el agua, insípida, inodora e incolora, y hacemos que fluya. Oye, qué crack, dicen que dijo Montoro. Y ahí lo tienen el resultado. Defrauda, mai frén, que son cuatro gotas de nada, y gozarás en vida del perdón cristiano.