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Apple, el dedo y la luna

El último episodio se lo lleva la compañía de la manzana, Apple, en Italia. Pero no son los primeros, ni van a ser los últimos. Personalmente, me gustaría que el empeño de los reguladores del Viejo Continente estuviese impulsado por los principios rectores del Derecho Universal, por códigos éticos, por axiomas de no vulneración de la competencia y en fin, esas zarandajas que a los políticos europeos les gusta sacar a pasear para lucir palmito histórico, y decir que de Sócrates a Merkel, 2.500 años de sangre nos dan la razón y nos asisten.

Pero me temo que no se juega a esas cartas en este casino. Me temo que Europa hace mucho tiempo que le tomó miedo a todo lo que significa velocidad, innovación y alternativa. Cuando no es Apple es Google; cuando no, Microsoft; y cuando no, la primera que esté a tiro. Y así nos va. Que nos están señalando la luna desde China y desde Estados Unidos, y nosotros seguimos mirando al dedo que apunta. ¿Qué, que las empresas deberían ser más solidarias y tributar donde deben? Claro. Pero solo juegan a las mismas trampas que nosotros mismos les hemos enseñado.