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El Boom de Bankia

Antes de que lleguen esos planes, el departamento que dirige Luis de Guindos -por cierto, aupado en su día por el propio Rato- ha querido dejar claro que Bankia no está intervenida. Llámenlo como quieran, teniendo en cuenta que si habrá un plan de reestructuración, de saneamiento y de modificación en los órganos corporativos para garantizar su viabilidad en un futuro. Un rescate en pocas palabras. El hasta ayer presidente de la entidad, Rodrigo Rato, llegaba hace dos años a la presidencia de Caja Madrid, una entidad grande, plagada de políticos, con mucho cliente poco solvente y mucho ladrillo. La fusión con Bancaja, fruto de la ambición de Rato por crecer y del Gobierno anterior que, instigados por el Banco de España se empeñaron en juntar cuantas más mejor, aunque no estuviesen saneadas, sólo complicó la situación. Dos años después y una salida a Bolsa de por medio, Bankia es la cuarta entidad por activos del país, con buen core capital pero con una morosidad por encima de la media del sector y con unos activos tóxicos, llamdos ladrillos que pesan en por lo menos más de 37.000 millones de euros. Eso si la auditoria firma al final esas cuentas. El saneamiento del Gobierno y las presiones a Rato se han intensificado en los últimos días. Y ¿por qué? El FMI encendió una mecha refiriéndose a Bankia la pasada semana, una mecha que ayudaron a prender algunos banqueros de este país que con razón se quejaban de que todo el sector quedaba apuntado por una sola entidad y así se lo hicieron saber a De Guindos. Hoy Europa apostilla la explosión que ha hecho actuar a Economía y precipitar la salida de Rato: si España sanea su banca y sus CCAA, a lo mejor, hay menos objeivo de déficit que cumplir. Boom.