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Todos con las cartas marcadas

Es tal la voracidad de nuestras entidades públicas que se están comiendo, recién horneado y todavía humeante, todo el dinero que está saliendo de los bancos. Y para las empresas queda lo que queda. Es decir, una broma de mal gusto. O menos.

Hasta ahí creo que entiendo de qué va la película. Como nos hemos gastado lo que teníamos y lo que no, y los favores del primo del concejal de emprendimiento son más importantes que las necesidades del circulante de las pymes que no levantan cabeza, y además se supone que el Estado o las Comunidades podrán pasarlas canutas pero no llegarán a ser insolventes, pues el dinero va para quien va. Para los del mando en plaza.

Ahora, donde pierdo el rumbo es casos como el de algunas entidades intervenidas. Firmas de finanzas en las que se inyecta capital público y que a su vez prestan a manta a las administraciones. Con sus correspondientes intereses a uno y otro lado. Pues entre eso y hacerse trampas al mus no hay diferencia. Con la salvedad de que en esta partida todos tienen las cartas marcadas, menos quienes quieren repartir juego.