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Clodoaldo y el valor del dinero

– Vamos a ver, Clodoaldo: si existe más dinero baja su valor y por este dinero menos valioso se paga menos interés. ¿Estás de acuerdo?
– Sí.
– Segunda parte de la prueba: Si existe más café baja su valor y por este café menos valioso se paga menos precio. ¿Te parece correcta también la segunda conclusión?
– Sí, maestro. ¿Ya está todo?
– No sea impaciente, Clodoaldo. La pregunta es: ¿son iguales estos dos ejemplos?
– Así, a bote pronto, le diría que son dos casos semejantes. Pero no me fío de las apariencias. ¿Dónde está el truco, maestro?
La puntiagudez no era suficiente para dar con la respuesta correcta. Pero la intuición de Clodoaldo le llevó a desconfiar de la similitud que parecían rezumar ambos casos. Con paciencia y esmero, el filósofo llevó de la mano a su alumno predilecto por los vericuetos de una verdad difícil de descubrir.
– Presta atención, Aldo. Es evidente que si la costrumbre no ha variado, como es lógico pensar, los bebedores de café seguirán la rutina y consumirán la misma cantidad de cafeína. Luego, para ellos un café más abundante significará una bajada de su precio, dado que, una mayor oferta ante una demanda invariable, hace más barata la infusión.
– ¿De acuerdo?
– Sin fisuras.
– Ahora bien; un dinero más abundante, solo en apariencia lo hace más barato. En realidad, la abundancia dineraria hace aumentar el valor de las cosas, en justa correspondencia con la inflación creada.
– ¿Lo has cogido?
– No del todo, pero lo estoy paladeando…