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Cuidadín con los prejuicios en bolsa

En nuestra aproximación a los mercados bursátiles hemos de valorar nuestros prejuicios, esos juicios previos que todos nos formamos de cualquier realidad. Porque muchas veces esos prejuicios nos harán ver el mercado distorsionado, no como es en realidad, sino que lo percibimos por el filtro de nuestras propias ideas preconcebidas. Unas de las cuestiones filosóficas que preocupaba a Soros desde su juventud, influenciado por Popper, era precisamente esta relación entre nuestras percepciones y nuestro actuar: así percibamos en un momento determinado una realidad, actuaremos en consecuencia, actuar que influirá, a su vez, en nuestra percepción de las cosas. Por eso, la percepción de la realidad tiene que tender a ser lo más objetiva posible; en este sentido debemos tener en cuenta que las influencias exteriores son muy fuertes.

Me refiero a los medios de comunicación, que en tantas ocasiones, con el legítimo afán de vender, pecan de sensacionalistas; a o este grupo de amigos que especulan y con los que nos sentimos casi obligados a tener una opinión consensuada con ellos; o a tal persona que, de manera exaltada, nos informa sin ser preguntado de sus increíbles logros y ganancias en los mercados; o de esos gurús bursátiles que pretenden ser como un faro en la oscuridad de los mercados. Está claro que todos somos influenciables y que los demás, sin apenas darnos cuenta, nos pueden conformar un mundo un tanto irreal. Simplemente digo que hay que tener en cuenta este hecho. Que los medios de comunicación tienen que vender para vivir, que el hombre es un ser social por naturaleza y está más a gusto dentro de la masa que fuera, que a todos nos gusta pavonearnos de nuestros triunfos -vanitas vanitatis, omnia vanitas- y nos callamos nuestros errores y pérdidas.

Pero, ¿qué sugieres entonces?, que me diría mi querida Cristina, hermana del alma reconvertida en profesora de economía en un colegio de Marbella.

Desarrollar cierta capacidad crítica, cierto juicio crítico. Siempre hemos de intentar formarnos bien, con profesionalidad, con coherencia; y para conseguirlo hace falta dedicar tiempo, esfuerzo, ponernos metas. No creernos a pie juntillas cualquier cosa de cualquiera por muy bien que hable o muy creíble que parezca. Debemos huir de la superficialidad, ir a las claves, las causas, al fondo de la cuestión. Tener, en definitiva, criterio propio a la hora de invertir o especular. Que sea yo quien domine la situación.