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Es falso, que Ángela Merkel haya comprado preferentes

Los españoles sin embargo nos encontramos conmovidos por los adquirientes de  de participaciones preferentes, un fenómeno de masas en el que están implicados, de un lado, unos 325.000 clientes afectados y del otro lado unas 35.000 sucursales bancarias, es decir un vendedor por cada 10 clientes.

Dramas colectivos como el de las participaciones preferentes, se han venido produciendo en España (y en el mundo mundial, incluida Alemania) de forma recurrente.  En nuestra memoria colectiva están todavía muy  presentes los 350.000 clientes afectados por la estafa de AFINSA, los 200.000 clientes de Gescartera o los 4.000 reincidentes de Nueva Rumasa. A poco que reflexionemos, también podemos anticipar alguno de estos fenómenos colectivos que veremos próximamente y cuyos nombres podrían ser: Bonos Patrióticos, Obligaciones Subordinadas,  o acciones de HTC.

Los hechos son los siguientes: en estos tres últimos años la mayoría de los inversores y ahorradores españoles han obtenido una rentabilidad media  anual del 2% (por ejemplo los 4.700.000 participes de fondos de inversión). Sin embargo, los 325.000  “afectados” por las participaciones preferentes llevan más de tres años disfrutando de unas rentabilidades que triplican la media del resto de los españoles, y que, en muchos, casos han alcanzado el 7% anual. Por otra parte, siendo España todavía, uno de los países mas bancarizados del mundo, tanto los 4,7 millones de titulares de fondos de inversión como los 325.000 “afectados” de las preferentes son clientes de los mismos vendedores,  las todavía tupidas redes de sucursales bancarias. El porqué unos clientes (la mayoría)  han aguantado con un mediocre 2% de rentabilidad media y otros clientes (la minoría) atraparon rentabilidades del 7%, siendo los vendedores de unas y otras los mismos, nos hace intuir que la explicación se encuentra más en la conducta de los compradores que en la de los vendedores.

Mientras en los diez últimos años España  focalizaba su esfuerzos en la exuberancia inmobiliaria,  y Alemania se ha dedicado a convertirse en el país con mayor superávit comercial  del mundo, un buen puñado de científicos  como, Richard Thaler, Daniel Kahneman Amos Tversky, entre otros, han estado poniendo patas arriba los modelos económicos basados  en la creencia de que los consumidores conocen sus gustos presentes y futuros  y que toman buenas decisiones (racionales) que maximizan sus intereses.  Los avances de la neurociencia en los últimos años y la utilización de imágenes de resonancia magnética funcional han podido estudiar las aéreas del cerebro que se activan en la toma de decisiones económicas. Lo que nos muestra la neurociencia, no corrobora que se tomen decisiones racionales,  sino  que nos describe un cerebro estructuralmente perezoso que toma decisiones intuitivas, y que solo con un gran esfuerzo y en pocas ocasiones es capaz de tomar acciones contraintuitivas.

En el caso de las preferentes hay tres sesgos intuitivos identificados por la economía conductual  (la que incorpora los descubrimientos de la neurociencia) que  podría haber  sido decisivos  para los clientes de preferentes y para  Ángela; la facilidad cognitiva, el efecto halo  y la ilusión de sagacidad.

Los humanos, incluidos los de religión protestante, somos avaros cognitivos y tratamos constantemente de ahorrar energía cognitiva tomado “atajos”. Somos cerebralmente perezosos. Los clientes de preferentes  fueron presa, sin duda, del SESGO DE LA FACILIDAD COGNITIVA,  que prima cualquier decisión que facilite el trabajo asociativo del cerebro.  La “familiaridad”  del contexto (la sucursal bancaria)  propicia que  el “cerebro intuitivo” asocie  cualquier propuesta recibida en el recinto  bancario a un halo de veracidad.  Desde  el marketing bancario se ha identificado este fenómeno con el nombre de  fidelización de clientes. ¿Cuándo somos víctimas del SESGO DE LA FACILIDAD COGNITIVA?  Cuando no tenemos tiempo (o no  decidimos tenerlo) para analizar la información disponible, es decir casi siempre. En el caso de Ángela,  a la pereza estructural hay que sumar sus muchas obligaciones.

Otra de las manifestaciones de la indolencia cerebral es EL EFECTO HALO, que los clientes han construido sobre la personalidad de los directores de sucursal bancaria (los que les vendieron la preferentes), y que es la tendencia a gustarnos (o disgustarnos) todo de una persona (incluso lo que no conocemos de ella). Es decir; que la buena gente solo hace cosas buenas y la mala gente solo hace cosas malas. Los buenos directores (y el mío es uno de ellos, pensaron cada uno de los 325.000 perezosos participes),  solo venden buenos productos. A Ángela hay que reconocerle el haberse dejado seducir por un EFECTO HALO, el de Mark Zuckerberg, mucho más glamuroso que la mayoría de los directores de sucursal españoles.

En tercer lugar los propietarios de participaciones preferentes, sufrieron un sesgo muy común  que se produce cuando manejamos dinero: LA ILUSION DE SAGACIDAD.  En los mercados financieros cada día se intercambian millones de acciones, de las que compradores y vendedores tienen la misma información. Pero unos compran lo que otros venden porque tienen opiniones diferentes. Cuando 1 de cada 15 ahorradores españoles eligió obtener un 7% por sus ahorros, en vez del 2% de la inmensa mayoría, no cabe ninguna duda que han disfrutado durante tres años de una reconfortante ILUSION DE SAGACIDAD. La neurociencia no encuentra evidencia científica a que las decisiones  de los inversores sean algo distinto a un juego de azar y por lo tanto,  el Paseo Aleatorio por Wall Street de Burton Malkel, entraría en el género de la literatura fantástica.

Michael Lewis, el autor de El  póquer del mentiroso, les ha dicho a los alumnos de la Universidad de Princeton, en un memorable y reciente discurso que; “el éxito lo trae la suerte”. Enlaza de esta forma,  con los descubrimientos de la neurociencia que indican  que,  la maquina cerebral incurre en el error SISTEMICO de  ver el mundo mas coherente y predecible de lo que realmente es, induciéndonos a creer historias simples y causales de éxito o fracaso, ignorando de forma sistemática el papel del azar.  En definitiva, estamos minusvalorando el hecho,  de que Ángela Merkel  (igual que los titulares de  preferentes) simplemente estuvieran  en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Tampoco hay que dejarse abatir  en exceso por esta hipótesis. La neurociencia  ha demostrado que somos presa de la ILUSION DE FOCALIZACION, que implica  que la mayoría de las circunstancias de la vida son estados experimentados  a tiempo parcial. Es decir, que Ángela Merkel solo sufre por sus pérdidas en Facebook, cuando piensa en ellas, que debe de ser muy pocos minutos  a la semana, debido a su conocida hiperactividad  profesional. La terapia para nuestros participes de preferentes esta clara.