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Tampoco es para tanto, hombre

De Esperanza Aguirre, se puede decir mucho, incluido que ha sido una de las políticas más claras a la hora de decir las cosas a la cara…o si no que se lo digan a Mariano Rajoy: hace tiempo amigo, hace menos árbitro en la disputa entre Aguirre y Gallardón, ahora el eterno regañado, enemistado feroz y absoluto, el arañazo que ha abierto la herida interna del Partido Popular con dos bloques, a un lado Esperanza…Aguirre, al otro el presidente del Gobierno, cada vez menos acompañado.

Sinceramente, si tuviera que imaginar un motivo para la marcha de Aguirre, pensaría en que ha perdido la fe en el Partido, que este Partido – el que gobierna – no es el suyo, que no se siente parte de este equipo; y se ha notado en las palabras con las que Aguirre se despedía ayer públicamente…lloraba la expresidenta viendo las ascuas de un partido que agoniza.

Bueno, tal ha sido el boom informativo de la dimisión de Aguirre, que nadie esperaba, que la atención sobre la noticia del día de ayer: la huelga en el sector de transportes, moría a las 14.15, cuando la Thatcher española ha presentado su abandono público y político.

Ya nadie recuerda, a estas horas las palabras en la que ayer por la mañana  Ignacio Fernández Toxo aseguraba que “la función de un buen sindicalista no es protestar o convocar huelgas, sino proponer soluciones”. Lo que sí sabe Toxo – pero no dice – es que gracias a él, y a su compadre Cándido Méndez ya nadie cree en los sindicalistas, ya nadie confía en ellos. Se encargado los dos, la pareja del megáfono, de destruir la fe en los sindicatos. Ha habido también amenaza de huelga, aunque – sabe Toxo – que  no es inmune ya a las protestas. Sabe el líder de CCOO que no se mueve ya como pez en el agua entre las manifestaciones, para empezar porque él es parte del problema y así se lo hacen saber. Ya no se escapan, ni Toxo ni Mendez, de los pescozones públicos de los manifestantes…y este fin de semana ha habido pescozones. De los que no se habla, eclipsados por la explosión informativa que ha supuesto el abandono de Esperanza Aguirre, que seguirá unida al mundo de la política, pero en una segunda fila.

Lo lamentó también ayer el líder del PSM, Tomás Gomez, que debe comprender bastante bien lo que le debe rondar por la cabeza a Aguirre: ambos desheredados por un líder sin liderazgo, ambos discrepantes a puerta cerrada con sus directivas nacionales, ambos formaron parte del frente interno en contra de  Mariano Rajoy y de Alfredo Pérez Rubalcaba. Le tiene aprecio Tomás Gómez, que ha tirado de jerga folclórica para decir que Esperanza Aguirre es la más grande del Partido Popular: “Nadie tiene su tamaño en el PP”, ha dicho Gómez nada más conocer la dimisión.

Yo les voy a decir una cosa, el más sincero ha sido el portavoz de IU de la Asamblea de Madrid, Gregorio Gordo, este sí ha dicho lo que pensaba, no se ha contagiado por el lagrimeo del momento y nada más conocer la noticia ha dicho – “está es la mía” – y ha pedido elecciones anticipadas.

Día de reacciones – ha habido más – contrasta la del portavoz de Izquierda Unida, con la que se ha podido ver de Lucía Figar, la consejera de Empleo y Educación madrileña, que ha llorado – como se suele decir – a moco tendido. Tal ha sido el llanto de Figar que la propia Esperanza Aguirre le ha tenido que consolar “tampoco es para tanto, hombre”, le decía Aguirre, a la que le ha faltado sacar un pañuelo y sonarle los mocos. Igual que le sonaba los mocos a Rajoy, hasta que tal día como el de ayer, se cansó de hacerlo.