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Estimado Olli Rehn

No sé quién eres. No sé quién te crees que eres. Para mí no pasas de ser un empleado temporal, una pieza de recambio, un cero tan a la izquierda o tan a la derecha como cualquier europeo del Norte, del Sur, de las montañas o del mar. Un mortal. Un don nadie. Un bledo para la Historia universal. Una hormiga para el Dios de los creyentes y una anécdota sin interés para el dios de los ateos. Una mota de polvo en el Universo. Un Descanse En Paz en unos años.

 

Mi muy estimado Olli Rehn. No representas más que a ese 0,1% de la población, y me paso de largo, interesada en que la miseria, la desesperación y la agonía sean una parte inseparable del sistema, para fomentar la violencia y legitimar que os protejan las espaldas u otras zonas del cuerpo vuestros perros de presa uniformados. Pero cuidado: sus uniformes, igual que tu puesto, tu vida, tu sueldo salen también del bolsillo del otro 99,9% de la población. No sé si lo ves como una amenaza o como un recordatorio. Míralo como más te plazca.

Mi muy estimado Olli Rehn. En España no faltan impuestos, pero sobran cleptócratas. En España no hay rigidez del mercado laboral, pero hay estrechez de miras patronales y sindicales. Tus reformas no reforman nada, solo pervierten una democracia que a los tuyos os sienta grande. No estáis a la altura, ni tenéis la talla política que se esperaba de vosotros.