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Europa: un oficio, dos lecciones

Acusar por acusar siempre es potencialmente ineficaz. Así que decir que los políticos, o una parte de ellos, están en política, para hinchar el bolsillo es tanto como un brindis al sol. Sí es válido, sin embargo, poner algo de psicología inversa en el empeño. Por ejemplo, tirar de cifras publicadas: Ángel Acebes, 163.000 euros de retribución como presidente del Banco Financiero y de Ahorros; Elena Salgado, entre 35.000 y 75.000 euros como consejera de Chilectra; Rodrigo Rato, 600.000 euros como presidente de Bankia; José Borrell, 300.000 como consejero de Abengoa.

Sin acusar de nada a nadie, que además de ineficaz es feo y doloroso, basta una pregunta: si usted estuviera metido en política, y viera cómo se lo montan algunos de sus colegas, ¿no le daría siquiera un poquito de envidia? Si siente el gusanillo, no lo dude: está usted predestinado a luchar contra quien se le ponga por delante para tener un suculento retiro y una no menos dorada jubilación.

Mientras, Europa nos da dos lecciones. La primera, si la crisis internacional ha sido una azote pero no contundente, cambie usted de cromos y a probar suerte, como en Francia. La segunda, si ya le han chafado hasta la esperanza, mande a los de siempre a paseo, como en Grecia. O como pedían los muchachos del 15M. Que por algo se ganaron a pulso el título de perroflautas por parte de quienes tienen el negocio atado, y bien atado.