El FMI y el moscón Rajoy

Porque el papel del Gobierno en la asamblea del FMI que hoy da comienzo es el que es, y va a estar bien que no nos llevemos a engaño: ir a pordiosear que las autoridades económicas internacionales digan que vamos ahí, tirando, y que si echamos el resto capaces somos hasta de volver a estar en la Champions League de la Economía. Eso, lo primero; y después contarnos a través de los medios oficiales y oficiosos que poco más o menos los de Washington se quitaron el sombrero cuando vieron llegar a nuestros valientes emisarios.

A este lado del charco, y sabiendo como sé que eso que llamamos mercados es un engañabobos que se mueve al son del marujeo más caliente del que tenga el dinero, a mí lo único que se me ocurre es preguntar para qué tanto interés en que el Fondo diga A o diga B. Sus errores monumentales en los últimos años cuentan con más correcciones que un examen universitario en manos de Paquirrín. Puede que esos errores fueran fruto de la famosa presión (ay, que me da), de España sobre Washington. Y así podemos seguir toda la vida: engañándonos con lo que vamos a crecer, cuando todos sabemos que el dato no es verídico.

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